Dos galletas.

Un piñón.

Un trozo de goma.

Un poco de tiza.

Una canica azul.

Un caramelo.

Un cochecito rojo.

Un cromo.

Un regalo.

Algún tesoro.

Muchos sueños.

Un puñadito de lágrimas.

Una carcajada.

Papelitos de colores.

Una bola de plastilina.

Una piedra muuuuy bonita.

Una flor marchita.

El cuento de los viernes.

La hora de pintura.

Un diente de leche.

Fragmentos de una hoja seca.

Los restos de un lápiz verde.

Un beso.

La fiesta de navidad.

Hello Kitty.

El poema de primavera.

El primer día de escuela.

Están en los bolsillos de la bata naranja, y en los de la chaqueta del patio, la que tiene el bajo estampado con huellas polvorientas de pequeñas manos, casi como las de los duendes.

Bien protegidos. Bien cuidados, para que duren por siempre, en los bolsillos de la seño. No vaya a ser que nos de por crecer demasiado pronto. Crecer es aburrido. Y un poco triste. Ya se cuidará la seño de que eso no pase.

Para eso sirven los bolsillos de las maestras.