He montado un Pequeño Museo de Alquimistas de la Luz.

Está en mi diario de tapas verdes, el que tiene el papel que hace aguas, con el aire de un sueño boscoso.

Este:

En el museo están los pintores alquimistas del otro día.

Sargent. Y Monet. Sorolla también.

Y esta vez también he incluido a Berthe Morisot, recogiendo cerezas, iluminando un cabello rojizo con la luz de sus pinceles.

Y a Renoir.

¿Cómo pude olvidar a Renoir?

La luz del Moulin de la Galette...

La primera vez que vi ese cuadro yo debía ser muy pequeña, porque lo recuerdo como un sueño de luz difusa.

Luego lo encontré en París. En el Museo de Orsay (ese museo si que quisiera yo tenerlo en casa...)

Miré a los ojos de la gente. De los que beben, bailan y charlan en el Moulin.

Sentí la luz. La noté salir del cuadro, de los colores pigmento y convertirse en colores luz que me envolvían en algo cálido, como un abrazo o un beso luminoso.

Sí. Renoir es, por derecho propio, miembro mi Pequeño Museo de Alquimistas de la Luz.

Socio fundador.

Pero el museo sigue abierto a nuevas y alquímicas asociaciones.

Se aceptan sugerencias.