Hace ya un año que volví de Praga.

Fueron unos días breves, pero intensos.

Repletos de experiencias, de teatros negros, de marionetas, de magia.

Llenos de navidad. Me pregunto porqué la navidad parece más navidad allí.

Porqué los mercados parecen postales antiguas, de las que me gustaban tánto cuando era pequeña, imágenes naïf de casitas de colores, trineos y muñecos de nieve.


Con un árbol enorme en medio de la plaza, y niños cantando villancicos bajo la nevada.

Cómo me gustaban esos mundos perfectos e inocentes cuando era pequeña... Quería aprender a patinar sobre hielo. Quería un trineo, y una casa con muchas luces y velas, y un árbol de navidad gigante.

Quería vivir en una bola de cristal. De esas que me gusta coleccionar.

Praga, en navidad, es un poco como uno de esos mundos de bolas de cristal y nieve de purpurina.

Inocente. Naïf. Sencilla.Tengo ganas de encontrar una navidad como las que me gustaban cuando era pequeña.

Me gustaría vivir otra navidad en Praga...