Me prometí a mi misma escribir algo, lo que fuese, por lo menos una vez a la semana.
Las promesas que te haces a ti mismo deberían ser las mas importantes ¿no?
Deberían ser las primeras que cumplieramos.
O tal vez las únicas.
Pues bien, no se que escribir.
Tengo pendiente un cuento sobre la ciudad en que nací. Es una especie de reto entre amigos, pero es que, aunque el reto se titule "T. inspira" a mi "T" no me inspira nada de nada.
Es fea.
Sucia.
Desordenada.
Grande y fría.
Vale, tiene sus trocitos, sus cosas, su aquello,...
Tiene su historia, también, que podría servir de inspiración.
Podría escribir un cuento sobre las brujas que se reunían en el torrente, cerca del castillo, y de las iglesias románicas, debajo del puente de piedra con las cruces grabadas. Tenían nombres curiosos, sonoros, musicales, como de cuento de los de antes: na Margarida Tafanera, l'Esclopera, na Mirabunda.
También podría tratar de la ciudad modernista, rica, burguesa, la de los empresarios textiles y los artistas bohemios que se iban a Paris, porque aquí no había nada que hacer.
Podria hablar de la Guerra Civil, de las escuelas cerradas, de los maestros represaliados, de los muertos y de los vivos, y de lo que pasó después.
Podría explicar la vida de los que llegaron en busca de trabajo, de pan, de salvación, extranjeros en su propia tierra, andaluces, extremeños, aragoneses...
Y los que aún van viniendo ahora, de colores distintos, de lenguas distintas, de distintas culturas y maneras de ser y pensar que intentan hacerse u nhueco en la ciudad gris y que la llenarían de colores africanos, americanos, si los dejaran...
Pero es que sigue sin salirme. No me inspiro. Nada me inspira.
Ya dije hace un tiempo que ultimamente dibujo más que escribo.
No es que dibuje mucho, tampoco. Soy de lápiz lento.
Pero dibujo, y pinto. Más que escribo.
Personas, cosas, lugares que nunca han existido, que no eran nada hasta que yo no les di un cuerpo de grafito, un alma de tinta, un corazón de acuarela.
Me gusta pensar que tienen un alma, esas criaturas extrañas. No es que sean grandes dibujos, pero me gusta encontrarles el corazón.
A veces copio cosas que acaban por no parecerse nada a la realidad. Otras veces solo dejo volar la imaginación y me salen hadas, caracoles gigantes, peces voladores, casas en los árboles, Hombres Verdes.
Dibujar Hombres Verdes tiene un punto de meditación. Casi es como pintar mandalas, con su ritmo circular, del centro hacia el exterior. Empiezas con una estructura simple, una cara, y luego dejas que broten libremente hojas, frutos, ramas. Brotan de la boca del Hombre Verde, y también de la punta del lapiz, como brotan las hojas de un árbol. Dejas que cada Hombre Verde sea lo que quiera ser. Así, algunos tienen expresiones salvajes, oscuras, misteriosas. Otros, en cambio, muestran expresiones alegres, algo infantiles. El primero me salió inocente. El de ahora, que aún está a medias, es joven, pero muy serio, pensativo. Particularmente salvaje, los ojos oscuros ocultan, más que muestran. Tal vez esté un poco enfadado, aunque no se hasta que punto se le puede aplicar a un Hombre Verde un sentimiento tan humano como el enfado...
Ya estoy divagando.
Claro que eso es lo más normal en una tarde de domingo, que ya tiende a noche. La primera del cambio de hora. Odio el horario de invierno.
No entiendo que puede tener de bueno que el sol se ponga una hora antes. No aguanto llegar a casa del trabajo y encontrar que ya es noche cerrada, y que Potter quiere salir a la calle, pero ya está demasiado oscuro, y hace demasiado frío...
Claro que, aprovechando las noches largas, se recuperan cosas que creías perdidas.
Como las veladas al lado del fuego. Y las castañas asadas.
Y el ganchillo.
Ahora me ha dado por recuperar lo que aprendí de pequeña.
Me enseñó mi abuela. A lo mejor es por eso. Porque es una manera buena de recordarla, de olvidar la tristeza de los últimos tiempos. Pero el problema es que casi no me acuerdo ni como se coje el ganchillo. Claro que me he reido un buen rato intentandolo. Quiero hacerme una bufanda de muchos colores, para espantar un poco los días grises. Quiero que sea de cuadros. Pero se me ha olvidado como se hacen los cuadros. Hace un momento, mientras lo intentaba, me ha acabado por salir una flor amarilla...
Si quiero hacer una flor, seguro que no me sale.
Sigo divagando.
Divagaciones otoñales.
En otoño siempre me dan ganas de irme.
De estar en otro sitio.
El domingo que viene yo tendría que estar en Mexico, comiendo calacas de azúcar y chocolate, compartiendo el pan dulce con los muertos.
Pero hay que trabajar, claro. Nunca podré celebrar el Dia de los Muertos, a menos que consiga huir, de alguna manera, de esta vida que me atrapa.
El viernes debería celebrar Samhain en alguna tierra celta.
El domingo debería estar en Mexico.
Pero habrá que conformarse con asar castañas al fuego.
Con celebrar el fin de año celta a mi manera de pagana rara.
Haré panellets. Me salen muy ricos. Ni comparación con los de la pastelería. Yo no les pongo patata.
Consultaré las runas. Solo por el gusto de tocar las piedrecitas de Irlanda, de sentir la magia antigua que no es otra cosa que mi propia magia.
Tal vez salga a buscar hadas al bosque. Es una noche portal, y los portales son lugares intermedios, de los que les gustan a las hadas.
Es la noche de las cosas ocultas. Cuando los misterios del mundo caminan por la tierra, cuando los velos se levantan y podemos ver el Otro Lado, un poco, al menos...
Pero no pienso celebrar Halloween.
Menudo disparate.
No me gusta esa fantochada yanki que tan gustosos estamos adoptando.
Han convertido una noche de magia antigua en un circo barato. Como casi todo lo que tocan...
Prefiero la Santa Compaña.
Eso si que da miedo de verdad...
"Camina de día, que la noche es mía..."
Siguen las divagaciones.
A fuerza de divagar, ya se me ha hecho de noche. De noche de verdad. Vamos para las diez.
Ya no son divagaciones de una tarde de domingo.
Son divagaciones de una noche de otoño.
El otoño me da ganas de irme (eso ya lo he dicho antes, pero es verdad).
Me gustaría volver a Praga. Me dio mucha envidia Mar (hola, Mar, a ver si de verdad quedamos en Salamanca...si se puede)
Me quedó pendiente el museo de las marionetas. Y perderme más.
Claro que Praga me parece un poco más de invierno que de otoño. No la vi nevada, pero la vi navideña. Y me la puedo imaginar perfectamente, solo con mirar la bolita de nieve con la Torre del Reloj.
Me sabe más otoñal Lisboa. Quiero ir a Lisboa.
Quiero ver Lisboa en otoño.
Y París en primavera (lo veré, me voy en Abril)
Pero no se cuando iré a Lisboa. Solo se que iré. Y que me gustaría que fuese otoño.
Otoño en Lisboa.
Invierno en Praga.
Primavera en París.
Verano en Irlanda.
¿Y los otros sitios? Debería haber una estación para cada uno. Una estación para la Polinesia, y otra para el Territorio Lakota. Otra para Nueva Orleans, y una más para volver a Itaca...
El otoño siempre me da ganas de irme.
Aunque, de momento, solo me he ido por las ramas...


Solo soy yo.
Soy Maria.
Soy como soy.
Soy como no soy.
Soy lo que me gusta, y lo que no me gusta.
Soy lo que quiero, y lo que odio.
Soy libre. No quiero raices. No quiero fronteras.
Soy lo que soy, os guste o no. Esa soy yo.
Escribiendo desde el cielo de mi boca...
Y desde mi casa en el árbol.




unaovarios
27 oct 2008 | 10:52 AM
Pues yo me he ido un rato leyéndote, gracias!!!
Muchos Besos MissDe
interinaforever
27 oct 2008 | 04:25 PM
A mí el otoño también me da ganas de irme...
Montse V
2 nov 2008 | 12:05 PM
Por favor....
escribe la historia de las brujas del puente de T.
Sólo tu pluma puede darles vida.
Montse
2 nov 2008 | 12:08 PM
Por favor....
escribe la historia de las brujas del puente de T.
Sólo tu pluma puede darles vida.
Porfa, porfa, porfa.
missdelirio
2 nov 2008 | 12:59 PM
Hola, Montse, guapa. No hace falta que vuelvas a escribir el comentario, no salía antes porque lo tengo que moderar yo...
En cuanto a lo de la historia...ya veremos como anda mi inspiración y mis ánimos.