Dicen que todos llevamos máscaras.
Que las máscaras nos sirven para ocultar lo que en realidad somos. Que son las personas que nos ponemos encima, personas diferentes, personas que quisieramos ser.
No lo creo.
Nunca he creido en tópicos.
Demasiado simples para mi gusto.
(O a lo mejor es solo que me gusta llevar la contraria)
No me creo que las máscaras sirvan solo para esconder y engañar.
Habrá quien las utilice para eso. Como siempre, a los humanos nos encanta pervertir y cambiar el origen de las cosas.
El origen de las máscaras fue sagrado.
Todos hemos visto alguna vez imagenes de máscaras ceremoniales de diferentes culturas. Todos hemso visto como se transforma un chamán africano al ponerse una máscara de aspecto grotesco. Como si la máscara le poseyera. Como si dejase de ser él y se convirtiera en la persona que se ha puesto encima.
No.
Tampoco creo que sea eso.
Creo que las máscaras liberan.
Creo que destapan, que dan luz a nuestras zonas oscuras.
Las máscaras tienen su propia magia.
Las máscaras revelan misterios.
Los misterios que todos llevamos dentro.
Las personas que somos, o que seremos, o que fuimos alguna vez.
Dioses y espíritus.
Cientos de antepasados, murmurando desde la parte de atrás de la cabeza, allí donde están las cosas ocultas.
Mil espíritus animales, las primeras personas, luchando por salir a la superficie, buscando su própia máscara.
Un millón de Kachinas que rien y saltan y bailan y quieren salir, y reir y saltar y bailar fuera, y dejar de estar encerrados en la parte oscura de nuestras almas.
Pero la más poderosa de las máscaras, a su manera salvaje, es la del Hombre Verde.
Una máscara de hojas y ramas que ni tan solo es una máscara, si no la imagen viva y verde del alma del bosque.
Cuando te pones la máscara del Hombre o de la Dama Verde, se libera tu lado más salvaje, la parte de tí que habla de vida, y fertilidad, y crecimiento.
La que viene del principio del mundo, del corazón del bosque primigenio, la parte de nosotros mismos que nos da más miedo.
Porque, en realidad, eso es lo que somos. Criaturas salvajes llevando máscaras.
Y nada más.


Solo soy yo.
Soy Maria.
Soy como soy.
Soy como no soy.
Soy lo que me gusta, y lo que no me gusta.
Soy lo que quiero, y lo que odio.
Soy libre. No quiero raices. No quiero fronteras.
Soy lo que soy, os guste o no. Esa soy yo.
Escribiendo desde el cielo de mi boca...
Y desde mi casa en el árbol.




cazador _de_dioses
13 oct 2008 | 03:01 AM
me gusta eso de "criaturas salvajes llevando mascaras".
Los modales y la educacion no son mas que formas de ahogar ese animal que tenemos dentro.
Nos educan para no aventarnos sobre la comida y ganar el trozo mas grande y mas jugoso de carne.
Nos educan para no voltear a ver fijamente lo que nos llama la atencion (como hacen los gatitos pequeños)
Nos educan para disimular la ereccion, la humedad.
Nos educan para disimular los olores corporales, los fluidos que, a pesar nuestro, nos llevan y nos dominan.
---------------------------------------------------------------------------------
Gran post
evaglauca
14 oct 2008 | 12:35 AM
Me encantan las mascaras , y no para ocultarme si no para disfrutar siendo otra cosa , otra persona otra criatura, como bien dices. Siempre me fascina tu forma de explicarte, es como oír una melodía tocada por un fauna a una ninfa.
argentino agustin gomez
15 oct 2008 | 07:05 PM
Comparto el post en su totalidad, así es el reino de nuestra especie, un ab razo.-
ka
10 nov 2008 | 05:14 PM
sí que revelan misterios,
basta escuchar,
observar
y la máscara nos dice lo que las palabras no saben expresar..
:)