Y en fotos, este ha sido mi viaje.

Cuando esté un poquito más animada (vamos despacio, pero vamos), ya os lo escribiré con pelos y señales.

Tengo todo un cuaderno viajero lleno de palabras y dibujos para compartir...

Mientras tanto, en resumen y en fotos, mi viaje por los caminos de Ulises:


Los primeros días fueron Corfú, el Jardín de los Dioses. Primero me dediqué a explorar un poco la Ciudad Vieja en busca de ventanas, farolas y pozos.

Luego fui hasta Paleokastrista, en el oeste de la isla, en expedición de búsqueda de la cueva de Nausica (que dicen que es la segunda, no se que haría la pobre Nausica ahí metida todo el día, como no fuese pescar calamares. Mira que irse a pescar calamares por un hombre...no vale la pena, por azul que sea el agua)

Mas tarde partí en busca del barco de piedra de Ulises. Lo encontré en Pontikonisi, entre las adelfas y el rugido de los aviones (le había salido un faro en el mástil)



Junto al barco de Ulises había una isla tan pequeña que solo cabía una iglesia y un ciprés.

(Esta es la barca de madera que me llevó hasta la barca de piedra. Parece que se ría...)


Y luego siete días para buscar otras islas, otros jardines, y la plata del mar.

Hay islas más bonitas, y hay islas menos bonitas, y luego está Scorpios, que es la isla privada de los Onassis. Yo también quiero una isla para mi sola. Aunque seguramente, acabaría por dejar venir a todo el mundo...

Las islas grandes, como Zante, o Kefalonia, o Lefkada, son las menos bonitas. Pero aún así, en Zante hay cuevas que no son cuevas, si no arcos, y aguas de un azul totalmente imposible.

Y estrellas de mar como flores marinas.


Las islas pequeñas, en cambio, son como jardines de bolsillo, con bosques de olivos, playitas blancas, pueblos cubiertos de flores y cantos de cigarras que llegan desde la orilla hasta el barco, como si fuesen las canciones de las sirenas atrayendonos a la orilla.

Como en Itaca. La isla de las fotos de arriba. Por fin comprendo del todo a Ulises...

O en Paxos, que olía a sal y aceite de oliva (pero mejor que una ensalada). Después de esto, la vuelta aún se hizo más difícil...

Aunque aún tuve tiempo de encontrar criaturas verdes, y al viejo Homero, y un montón de sandías...

Y en la despedida, ¡una banda de música!

A eso se le llama irse por todo lo alto...