Hace ya mucho que me quedé a medias en aquel camino al Otro Lado.

Pasan cosas, y gentes, y cuentos, y vas y te olvidas de la isla, tú que decías que no la olvidarías nunca.

Casi me olvido de escribir, también.

Pero aquí están de nuevo la isla y las palabras.

Porque pensaba en el Fin del Mundo, y de pronto recordé dónde estaba...

El Fin del Mundo está al Oeste.

En todos los oestes hay un Finisterre.

El de Galicia, que es el final secreto del Camino de Santiago, que es el final del Camino de las Estrellas. Y después, ya solo queda el mar inmenso, y más allá, la Terra Incógnita de los mapas viejos.

El de Bretaña, de donde parten los barcos que llevan las almas de los muertos al Otro Lado.

Y el de aún más al oeste, el de la isla. El de la isla pequeña junto a la gran isla verde.

En Inishmore, en Aran.

También hay islas, al oeste. Desde las costas del oeste de Irlanda, se adivinan a veces los bordes de las islas que se ocultan en la niebla.

Algunas islas son verdad. Tierra y piedra, carne y huesos, como las Islas de Aran. Otras no lo son. O no del todo. Son Islas Ocasionales que flotan al filo del Otro Lado, que a veces están aquí y a veces no. Islas que van y vienen, y se pierden entre las brumas del Fin del Mundo.

Pero el Fin del Mundo está en Inishmore.

Y en el Fin del Mundo hay un fuerte de piedra seca.

En la orilla oeste de la isla del oeste. Un fuerte prehistórico.

Las paredes grises forman dos perfectos semicírculos que se acaban, abruptamente, al borde de los acantilados.

En el centro, una piedra de aspecto extraño, un gran rectángulo plano de roca que se asoma al mar de plata.

Y luego, solo el mar infinito.

De vez en cuando, Islas Ocasionales.

(Allí, al fondo, justo al final del camino, que es el Fin del Mundo)

Siempre me ha parecido que Dún Aengus es solo media construcción. Los demás fuertes de la isla son circulos completos, sonre colinas cerca del mar.

Dún Aengus se acaba al borde de los acantilados. Y cuando estás allí, y solo se oye el silbido del viento y el murmullo de las olas, sientes que falta algo.Y de pronto te preguntas dónde estará la otra mitad.

Me gusta pensar que la otra mitad está más allá del Fin del Mundo. En la Terra Incognita.

O en el fondo del mar.

Al volver a bajar del fuerte, alguién me explicó una historia sobra la Atlántida celta.

Me dijeron que los misteriosos fuertes de las islas eran criaturas mitológicas y desconocidas para los que llegaron después, así que decidieron que eran obra de una mítica raza de gigantes que desapareció tirmpo atrás, en un cataclismo aterrador que sellevó parte de la isla.

Así que no andaba tán equivocada.

La otra mitad del fuerte está en la Atlántida. O en el fondo del mar, hechizada por peces y sirenas. O en una Isla Ocasional, donde habrá alguien preguntandose dónde habrá ido a parar la otra mitad del fuerte...

Y si este es el Fin del Mundo...¿Porqué construir justo aquí un fuerte? ¿Porqué las piedras inmensas, y los muros impenetrables?

Si más allá no hay nada, ¿que hay que temer?

Muy a menudo me pregunto que esperaban los constructores de fuertes que viniese del oeste, de más allá del Fin del Mundo.

A qué debían temer.

Qué sabían ellos que nosotros hemos olvidado...

Por suerte, siempre hay una posada en la que descansar el alma, en el Fin del Mundo.

Y aún ahora, tan lejos de la isla, y del fuerte, y del mar del oeste, me gusta sentarme a tomar "good food and refreshments" en la posada del Fin del Mundo.

Junto al faro. Cerca del puerto donde está amarrada mi Alma Barca, mi barco pirata.

Donde iré cuando todo se acabe.

(Y cuando sea mayor seré farera, y pirata, y posadera en el fin del mundo)