Pues para esto.

Ayer estuvimos trabajando a Picasso en clase (a ver si la mami de Susana entiende como se nos ha ocurrido llevar a los niños al museo)

Miramos un libro de dibujos del pintor, y cada vez que pasaba la página, mis pequeños monstruitos soltaban gritos de entusiasmo.

Loli, trasto como es ella, inquieta, incapaz de mantener la atención cinco minutos seguidos, observaba los dibujos con los ojos brillantes. Cuando acabamos de verlos me dijo: "A mi me gustan mucho, porque son como los que hago yo".

Y tenía razón.

Luego escogimos dos de los dibujos, estos:

Y los copiamos todos juntos.

Y, atención señoras y señores, he aquí los resultados, obra de una clase de educación infantil de cuatro años:

Me encanta como, siendo copias, cada uno de ellos ha sabido darle su propia personalidad, su caracter diferente, un poquito de sus almas de cuatro años.

Estaban tan entusiasmados que reían a carcajadas, y les pregunté si querían hacer sus propias caras inventadas "como Picasso".

Por supuesto que querían. ¿Quién no?

Repasamos los colores que habíamos utilizado, les hice ver que Picasso no pintaba las cosas como eran, si no como a él le gustaban, vimos qué tipo de líneas habíamos usado, y nos pusimos manos a la obra.

¿Y pa qué vamos a ir al museo Picasso?

Son demasiado pequeños.

Os presento, ahora si, las obras únicas y personales de mis pequeñajos:

La de Stephan.

La de Irene.

La de Yovana.

La de Juan Antonio.

Y la de Loli.

Y, mientras miraba trabajar a mis pequeños artistas, no pude evitar recordar lo que decía el propio Picasso:

"Cuando era niño dibujaba como Rafael. Me ha costado toda la vida aprender a dibujar como un niño."