Sinceramente, hoy ha sido un día de mierda, con perdón de los que piensan que las maestras tenemos que hablar como si fuesemos medio tontas.
Y que conste, para quien deba constar, que no suelo ser una mal hablada, aunque suelte algún delicioso taco de vez en cuando, y que siempre me cuido mucho de decir depende que cosas delante de un niño. Pero tampoco quiere decir eso que les hable como si fuesen tontitos. Conozco a mucha gente que se dirige a los niños con un tono chillón completamente insoportable. Algunas de esas personas se dedican precisamente a algún tipo de trabajo en contacto conellos (maestros, monitores de tiempo libre, cuentacuentos o teatreros infantiles varios). Pero los niños no son tontos, ni hay que hablerles todo el tiempo a voces y con diminutivos ("¡¡¡El gatito naranjita ha pillado al ratoncito y se lo ha zampado zampadito entero enterito!!!!"). Que no son idiotas, por favor...
Dicho esto, a lo que ibamos: hoy ha sido un día de mierrrrrda.
Con mayúsculas y R sonora, así: MIERRRRRRRRRRRRDA.
(Buen palabro para cuando no puedes más, sonoro y contundente)
Mis pobres niños no han tenido ninguna culpa. Pero hay cosas que repatean en grado sumo cuando te dedicas a esta profesión. Una de ellas es la prepotencia. La prepotencia paterna que se contagia a sus hijitos adorados, la prepotencia de algunas altas instancias que solo quieren tener contentos a los papis, aunque los niños sean unos salvajes.
Y, frente a esa prepotencia, tu propia impotencia.
La desesperación. Y no exagero ni una pizca. La sensación de inutilidad con la que, a veces, sales de la escuela. De absurdo. De pérdida de tiempo...
Ya he dicho que no han sido mis niños. Ha sido otro grupo, pero yo también me he visto implicada por pura casualidad. Y, después del grave problema que han provocado, tanto su tutora como yo nos hemos visto, de repente, atadas de manos. Por algunas de nuestras propias compañeras, además.
Siendo un grupo tremendamente problemático, la tutora propuso ya hace tiempo no hacer excursiones con ellos. Pues bien, las "altas instancias" no la han dejado. Tiene que llevarselos de excursión. A todos, aún los violentos y problemáticos. Porque "es su deber". Le han dicho por arriba que eso era una actitud de vieja. Visto la que me montaron ayer en los diez minutos que pasé con ellos, me pregunto como alguien puede decir algo así sin que se le caiga la cara de vergüenza.
Pero la cosa es que los papis estén contentos, claro. La salud de la maestra y la integridad física de los demás niños es lo de menos. Venga...¡Todos de excursión!
Ayer, dos de esos salvajes se me escaparon de clase, donde estaban castigados hasta que dejasen de comportarse como animales. Y, como además muy listos no son, se escaparon sin coger la autorización para la excursión que hoy debían traer firmada. La reacción de su tutora fue la misma que la mía: ellos lo han querido, se quedan sin excursión. Se han ido sin autorización porque les ha dado la gana. EL plazo se acaba hoy. No hay excursión. Así de facil.
Pues no. Mientras hablabamos de eso, precisamente, ha aparecido una representante del equipo directivo y nos ha dejado bien claro que esos niños DEBÍAN ir de excursión.
Aunque presenten la autorización fuera de plazo. Cosa que no se le permite a nadie.
¿Como se entiende algo así?
¿Como nos deja a nosotras dos?
¿Que tipo de fuerza podemos hacer ahora?
De momento, seis de esos energúmenos están castigados en mi clase durante una semana a la hora del patio. Tienen ocho años. Los míos solo cuatro. A ver si así conseguimos algo.
Y que me venga a decir algo dirección. O la madre que se plantó delante mío con los brazos en jarras preguntandome "¿Dónde está mi niño?"
Castigado, señora. Por animal. Y por maleducado. Como su madre, que se fue sin dar ni las buenas tardes.
Lo dicho. Un asqueroso día de MIERRRRDA en medio de una asquerosa semana de MIERRRRRDA.
En un curso que promete ser una MIERRRRDA, si las cosas van a seguir así...
Que asco.
Menos mal que, al volver a casa, en la gasolinera, me he encontrado a un señor que cantaba como un canario mientras lavaba el coche:
"Hoy puede ser un gran día,
planteatelo así.
Aprovecharlo, o que pase de largo,
depende en parte de tí..."
Y, ¿sabeis que os digo? Que, por lo menos me ha alegrado lo poco que me queda de día.
Y es que hay canciones mágicas. Músicas que suben el ánimo, elevan la autoestima y hacen olvidar los problemas.
Y esa es una de mis favoritas.
Por suerte. Porque si no, ni habría sido capaz de escribir mi desahogo bloguero.
Ah, y por cierto...
Perdón.