El tercer día llovió. A cantaros. Ríos de agua cayendo del cielo, y yo, protegida bajo el inmenso paraguas negro de Brendan, el conductor, solo pude dejarme arrastrar por la lluvia del Otro Lado.
Visitar un parque natural y unos jardines encantados bajo una lluvia torrencial puede convertirse, cuando menos, en una experiencia curiosa. Creí que no me gustaría. Que lo pasaría fatal. Que la lluvia me quitaría las ganas de Irlanda.
Pero era la lluvia del Otro Lado. Y la lluvia del Otro Lado no se parece en nada a la de este. Aquí, la lluvia y las nubes grises apagan los colores. Allí, en el Otro Lado, las imagenes tomadas bajo la lluvia, protegida por el paraguas negro de Brendan tienen este aspecto...


Y es que la lluvia del Otro Lado está cargada de colores.
Y los jardines de Glenveagh, de rincones secretos.

De agua rojiza de turba entre helechos verdes.

Y, sobre todo, de espíritus, duendes y gigantes. Toda la isla está repleta de ellos. Porque toda Irlanda ha caido ya del Otro Lado, y esos son sus habitantes. ¿Lo véis? Ahí, a la izquierda. El gigante de piedra y musgo...

No es broma. Mientras paseaba por los jardines, de pronto tuve la sensación de que alguien me miraba. Pero no había nadie (eso es lo bueno de los días de lluvia). A mi derecha había unas rocas amontonadas con un hueco oscuro en el centro, una minúscula cueva. Cuando miré en el agujero, creí ver algo que se movía. Y unos grandes ojos redondos. Pero luego, en la foto, no salió nada.
Y aún así, la sensación de escalofrío, de misterio, permaneció todo el tiempo. Esa sensación de miedo agradable que nos hace saber que algo extraordinario está sucediendo.
Aunque no podamos verlo.
Yo solo pude ver unos ojos redondos.
Y luego, en los jardines formales...

Una esfinge.

Y un fauno.
No eran más que estatuas de piedra desgastadas por la lluvia.
Pero, aún así, no pude dejar de sentir el escalofrío...
Y no, no era culpa de la lluvia. Ni del frío.
Era un escalofrío interno. Algo revolviendose por dentro. Algo diciendome que ya había llegado por entero al Otro Lado.
La lluvia del Otro Lado no da escalofríos. La Lluvia del Otro Lado da oportunidades. La oportunidad del color, de los paseos bajo un enorme paraguas negro, y de el café caliente, la charla y la ventana con geranios de la cafetería...

Y un jarro con una flor.

Y luego, a la vuelta, camino de Donegal...

Un paisaje tipical Irish.

Y una casa amarilla.

Y un poco de sol.
Solo un poco. Porque siguió lloviendo.
Maravillosa lluvia irlandesa.
Llovió hasta la noche. Llovió en Donegal. Se oía la canción de la lluvia mientras cenabamos, un tambor de agua sobre el tejado del restaurante marinero junto al puerto. Sentimos su canción sobre la piel, y en los zapatos, y en el borde de los pantalones mientras nos paseabamos el pueblecito de las casas de colores.
Y seguía oyendose dentro del pub amarillo, a la orilla del río. Y la canción de la lluvia se volvió celta cuando llegaron los músicos, con el pequeño acordeon y las pintas de guiness.
Luego dejamos de oir la canción de la lluvia.
Había demasiada música dentro...

¡Si hasta nos encontramos a Elvis!
O eso decía él.
I am the King, oh, yeah, I'm still the King...

No creo que sean cosas que solo pasan en Irlanda. Me parece que esto solo puede pasar en Donegal...
Y si alguien ha estado allí, seguro que me dará la razón.


Solo soy yo.
Soy Maria.
Soy como soy.
Soy como no soy.
Soy lo que me gusta, y lo que no me gusta.
Soy lo que quiero, y lo que odio.
Soy libre. No quiero raices. No quiero fronteras.
Soy lo que soy, os guste o no. Esa soy yo.
Escribiendo desde el cielo de mi boca...
Y desde mi casa en el árbol.




unaovarios
15 sep 2007 | 10:12 PM
Gracias MissDe por seguir permitiendome viajar al Otro Lado. Son preciosas tooodas las fotos y los colores increíbles. Muchos besos Seño