Aunque ultimamente no lo parezca, estoy aquí.
Me han dado la tutoría de P4, y desde que me lo dijeron (el martes), la vida se me ha puesto peliaguda. Como mínimo.
Hace ya dos cursos que no llevo una tutoría, y en este centro será la primera vez. Y teniendo en cuenta lo mal que fue la última vez (ya os lo expliqué: la directora histérica, aquella vieja de 43 años,los padres zumbados y demás), pues que queréis que os diga: estoy muerta de miedo.
Y eso que no es ni remotamente lo mismo. En esta escuela se puede hablar con el equipo directivo. No son más que unas compañeras más, con unas responsabilidades diferentes, pero compañeras, al fin y al cabo. Y los padres, en su mayoría, son gente sencilla, de barrio, sin los humos y tonterías que tántos problemas me dieron. Así que, imagino, ellos no serán ningún problema. Ni los niños. Solo tengo dieciseis. Y cuántas veces habré yo rogado por un grupo tan pequeño. Y con cuatro años. La edad de la mágia. Una edad perfecta, preciosa, la edad de soñar. La de los cuentos y los juegos. La edad de la fantasía...
Además, hasta Gloria Gaynor se ha dedicado a darme animos. El miercoles, cuando volvía a casa pensando que no lo iba a conseguir, encendí la radio y ahí estaba ella, diciendo que sobreviviría.
Pero no puedo evitar estar muerta de miedo. Sentir que no lo voy a conseguir, que me voy a perder por el camino...
No me está sentando bien este principio de curso. Por alguna razón, me siento derrotada antes de empezar. Por alguna razón, duele volver a la rutina, a la vida normal, a los horarios establecidos, a los madrugones y los dolores de cabeza.
Pocas veces me había pasado esto.
A lo mejor es porque he estado en el Otro Lado, al Oeste, en Irlanda, y cuesta volver...