Esto podria ser una especie de ego-trip.
Mostrar el lugar en que vives, tus cosas, el aspecto que tiene tu casa por dentro es, un poco, como poner ante los ojos de los demás un pedazo de tu alma.
Sin quererlo, vamos convirtiendo nuestros rincones en una extensión de nosotros mismos.
Sin quererlo, sin planearlo, la decoración de nuestra casa nos delata.
Dice mucho más de lo que nos imaginamos sobre nosotros mismos.
Aceptar el desafío coctelero de esta semana es mucho más difícil de lo que parece en un principio: "muestra la decoración de tu casa". Que fácil. Que divertido.
Pero realmente, nos estamos mostrando a nosotros.
Ya sabéis que yo no soy muy dada a los autorretratos, ni a los ego-trips. He caido solo un par de veces, pero poco. Aquí y aquí, por ejemplo.
Y ahora vuelvo a caer. Os voy a enseñar una parte de mi. Una parte importante.
Donde vivo. Donde duermo. Donde escribo. Donde sueño.
Mi casa.
Y seguramente, no habrá dos personas que vean lo mismo en estas fotos. Seguramente, cada uno de los que las mire verá una missdelirio diferente.
Incluyendome a mi.
Porque yo me veo de una manera, naturalmente, y esa es la que os quiero mostrar.
Pero vete a saber que vereis vosotros...
Para empezar, soy caótica e infantil. O si no, mirad este rincón de mi habitación.

Cada objeto tiene un significado. Cada cosa me define. La casa de muñecas a medio hacer me muestra creativa pero inconstante, la luna y las hadas me hacen parecer soñadora y poco práctica.
O no.
Realmente, eso de arriba me lo acabo de inventar. No se que quiere decir de mi cada cosa, cada objeto. ¿El elefante habla de viajes y exotismo? En realidad me lo regaló mi madre ¿El espejo habla de vanidad? No soporto mirarme al espejo...

Este es un rincón de mi mesa. De nuevo, cada objeto significa algo. Las bolas de cristal tienen un aire mágico que siempre me ha fascinado. Sobre todo la de la casita. Un mundo perfecto, perfectamente protegido, perfectamente diferente. Las colecciono desde hace mucho... El tambor es un bodhran irlandés, un hermoso recuerdo de viaje. De mi primer viaje. Y de mi isla verde y musical. Lo compré en un pueblecito con el complicado nombre de Enniscorthy, donde se celebraba un festival de música celta que me hizo pensar en reuniones de bardos en un claro del bosque...
Y aquella criatura delgaducha de la punta es mi primer intento de hada. Le faltan los dedos. Se los comió Potter. Y no está muy proporcionada. Pero me sigue gustando su sonrisa, después de tántos años y desgracias...
(Aún sigo sin saber que es lo que veis vosotros)

Y hablando de hadas... otra más. Hay muchas hadas en mi casa. Por todas partes. De todos los tamaños. Reales e inventadas. Libros y figuritas y espírtus invisibles. Hadas buenas que hacen que la comida tenga mejor sabor, y hadas traviesas que te cambian las gafas de sitio solo para reirse de tí. De momento, aún no hay ninguna hada mala. Creo que hay demasiado buen ambiente en mi casa para ellas...

Y más habitantes. Las piernas de Jack Skellington y un duende aprendiendo a volar. Aunque seamos una familia pequeña, en mi casa hay muchos habitantes. Y muchos libros. Libros mágicos, en su mayoría (porque, al fin y al cabo, todos los libros lo son).

Y aquí abajo, objetos especiales, que era de lo que trataba el reto de la coctelera, al fin y al cabo:

Un atrapasueños sobre la cabecera de la cama. Atrapa las pesadillas y solo deja pasar los buenos sueños.

Un espejo lunar, redondo, un regalo muy especial.

Una cortina de cuentas de colores, que atrapa la luz y la refleja y la cambia, que convierte la luz de cada día y una luz diferente.

Aunque creo que la parte que más me gusta de mi casa sigue siendo esta:

Aunque no tenga nada que ver con la decoración.
Así que esta también soy yo.
Claro que no se exactamente que es lo que habreis visto vosotros...