Miembro honorario del Club de los Perros Malos: Don Vito Corleone.
Y a mucha honra.
Nunca será Rintintín, ni falta que hace.
Si Vito viese a Timy en el fondo del pozo (otra vez), seguramente se le tiraría encima pensando que es un juego muy divertido.
Siempre se parecerá más a Rantamplán que a Rintintín.
Me cae mucho mejor Rantamplán. Donde vas a parar...
Y eso que Vito no tiene un pelo de tonto. Pero usa su inteligencia para lo que le interesa. Sabe sentarse y dar la pata cuando se lo pides, pero antes de hacerlo te mira las manos, y si no hay nada apetecible en ellas, dice que te sientes tú.
Así que es un perro malo. Y yo encantada.
Porque los perros buenos irán al cielo, pero los malos seguro que van a Tombuctú.
Y como yo tampoco soy buena, allí nos encontraremos.
Y con Lola, que aunque era la perra más buena del mundo, también era una Perra Mala. Se escapó tantas veces, y de tantas maneras diferentes que la tendriamos que haber llamado Señora Houdini.
Y seguro que hasta Potter estará allí. Porque no hay perro más malo que un gato, naturalmente.

Así que invito a todos los Perros Malos del mundo a unirse a nuestro club.
Nos lo pasaremos muy bien. Ya veréis. Podremos morder cosas, y dar saltos descontrolados. Podremos babear a quien queramos, tropezar con nuestros propios pies, perseguir a los saltamontes y roncar ruidosamente hasta altas horas de la mañana.
Es divertido ser un Perro Malo.
Y no tenemos himnos, ni juramentos, ni símbolos. No hace falta pasar ninguna prueba para ingresar en nuestro club. Basta con ser un Buen Perro Malo.
Ahora bien, el que muerda con intención de hacer daño, el que no sea fiel, en una palabra el que se comporte como una Persona Mala, será inmediatamente expulsado del Club de los Perros Malos. Que una cosa es ser un Perro Malo, y otra muy diferente ser una Mala Persona.
Y, por cierto, admitimos miembros de todas las especies. Que no hace falta haber nacido perro para ser un Buen Perro Malo.
Nos vemos en Tombuctú...