Desde que empecé a viajar, hace ya algunos años, no he podido parar de dar vueltas. Ya fuesen viajes reales o imaginarios, desde aquella primera vez no he dejado de viajar.
Viajes de un espíritu nómada atrapado en una vida vulgar. Trabajar cada día, levantarse temprano, pensar solo en cosas corrientes: la escuela, la comida, las oposiciones, la politica, la triste vida real.
Nunca me gustó mucho la normalidad.
Siempre he sido un bicho raro.
Así que tuve suerte, mucha suerte, el día que descubrí mi Alma Barca. Ya la conocéis. La del casco azul celeste y las velas blancas. La de la bandera pirata.
Con ella he ido al norte frío de auroras boreales y noches blancas.
He estado en el cálido sur, azul mediterraneo, de jardines frescos bajo el sol ardiente.
He visto el este exótico y misterioso, la tierra extraña de los ríos sagrados, de los aromas intensos, la tierra de las especias.
Y ahora, de nuevo, tomo el camino al oeste.
A la isla verde donde empezó todo.
Todas estas historias de Almas Barcas y espíritus nómadas solo tienen un orígen. La isla sagrada.
El País de los Límites Remotos, que la llamaban en la antiguedad.
La verde Eire.
Vuelvo a Irlanda. A la mía, la de los cuentos, la de los poetas. La isla de las hadas y los misteriosos montículos de piedras.
Donde empezó la aventura.
Siento como si este hecho cerrase un círculo. Como si, a partir de ahora, algo tuviese que cambiar.
Pero no. Creo que más que un círculo, es una espiral. Una espiral celta, símbolo de eterno retorno, de renacimiento. El mismo punto que antes, pero un poco desplazado hacia abajo. Así que no es el mismo punto.
Mi espiral va hacia dentro. Busca el interior. El centro. El Alma, que es una Barca, que es una nómada.
La vuelta a Irlanda, me parece, ha sido, o será, el inicio de mi camino hacia el centro.
El camino hacia mi centro, es, entonces, el camino hacia el oeste.
(Siempre me ha gustado el oeste, por verde y brumoso, porque esconde misterios celtas)
Aún falta hasta que me vaya, en Agosto. Pero el camino ya hace tiempo que empezó.
Y el punto de partida, esta vez, es este:

Un cuaderno nómada de tapas rojas y doradas.
Ya ha empezado a llenarse.
Pienso traerlo repleto de historias y lugares.
De gente. De hadas.
De todo lo que hace a Irlanda el origen de un Alma Barca.
Y, si queréis, a la vuelta, os lo puedo abrir un poco para que echéis un vistazo.
Aunque no se si será la Irlanda que os esperáis.
Porque alguien me dijo una vez que cada uno se construye sus propias Irlandas.
Y yo solo os podré enseñar la mía.


Solo soy yo.
Soy Maria.
Soy como soy.
Soy como no soy.
Soy lo que me gusta, y lo que no me gusta.
Soy lo que quiero, y lo que odio.
Soy libre. No quiero raices. No quiero fronteras.
Soy lo que soy, os guste o no. Esa soy yo.
Escribiendo desde el cielo de mi boca...
Y desde mi casa en el árbol.




unaovarios
8 jul 2007 | 03:25 PM
Estaré esperando tras tu Agosto en Eire, leer tu viaje hacia el Centro. En ese viaje me encuentro, desde el Oeste hacia el Centro. Besos
dondegiraelviento
8 jul 2007 | 08:45 PM
Un cuaderno siempre es un buen compañero de viaje. Un cuaderno, un lapicero, un sacapuntas y una goma de borrar: equipo imprescindible de viaje.
Salud
interinaforever
9 jul 2007 | 03:25 PM
Verde, bruma, mar, magia, poesía, música, historia, cerveza. Esa es mi Irlanda.