Que día más raro.
No se porqué todo me parece tan raro, pero lo es.
Hamás se dedica a atacar al propio pueblo palestino.
El Vaticano en contra de Amnistía Internacional por defender el derecho a abortar de las mujeres violadas o en peligro.
Trenta años de democracia.
Pero eso no es raro. Cada día, por desgracia o por fortuna, pasan cosas así.
Hoy he sido inspeccionada. La señora inspectora ha tenido que entrar a mi clase para comprobar que valgo para esto de enseñar. Lo cual tiene bastante gracia, después de diez años dedicada a lo mismo. Pero es que ahora es así. Si eres interina tienes que demostrar cada día, cada momento, que vales. Luego llegan las oposiciones (menuda verbena de San Juan me espera) y te acaban poniendo el sello de "No Apta". Y en septiembre a trabajar...¿no habíamos quedado en que no era apta?
La verdad es que se ha portado bien, mi inspectora. Y mi directora, y mi coordinadora de ciclo. Han sido comprensivas y amables. Han conseguido que me relajase al hablar con ellas, y eso, teniendo en cuenta como soy, tiene mucho merito.
Lo cual no es justo, por otra parte. No me parece justo que yo, este año, tenga una inspectora amable y comprensiva que, seguramente, me hará un buen informe (espero). No me lo parece cuando me entero que, en otros centros, han ido a masacrar a la gente. A hacerles plantearse toda su profesión. Porque claro, solo son interinos.
O madres.
Mi amiga Carme es madre. Madre por propia elección. Madre sola. O no sola, porque tiene mucha gente que la quiere y ayuda. Digamos que no hay un hombre en su vida, de momento. Ni falta que le hace.
Carme decidió que quería ser madre antes de cumplir los 35. Y como no tenía pareja, se buscó un padre de mentirijillas. Y nació una preciosa Sandra de verdad. Hija de mi mejor amiga y de una probeta.
Creo que Carme es muy valiente. Yo no se si me atrevería.
El caso es que, para poder cuidar de su niña, Carme se ha pedido una reducción de jornada.
Pero, como deciamos antes, ella también es interina. Y su inspectora una auténtica capulla. Con perdón por la falta de ritmo y poesía. Lo siento, pero hoy no estoy para florituras...
La inspectora en cuestión, después de entrar en el aula, se ha dedicado a cuestionar su media jornada, a preguntarle que hacía cuando volvía a casa, a decirle si le parecía que esa era manera de llevar una clase.
Sobre su labor como maestra, ni mú. Sobre el grupo de salvajes que ha convertido en criaturas civilizadas, nada de nada.
Pero sobre su vida privada, su derecho a ser madre y a pedir un permiso para cuidar de su hija, sobre eso sí que ha hablado.
Y la directora del centro, muda.
Hay mujeres que no se merecen serlo.
Que aprece mentira que lo sean.
Por eso decía que no me parece justo. Ya no es que se juzgue nuestro trabajo continuamente, es que se juzga incluso nuestra vida privada.
Y encima, el hecho de aprobar unas oposiciones ya no depende de tí, si no del humor de una determinada señora.
Pues no, no es justo.
Yo he tenido suerte. Carme no.
Ninguna de las dos es mejor que la otra.
O sí.
Ella es más valiente que yo.
(Por cierto, la proxima vez que en la tele hablen de la selectividad o de los examenes de fin de curso... acordaos de que los profes también nos examinamos. Y que nosotros, además de estudiar, tenemos que llevar una clase, con su consiguiente final de curso. Que sí, pobrecitos adolescentes. Pero de los pobres interinos no se acuerda nadie. Será que no vende.)