Me gusta el tema coctelero de esta semana.
Soy un desastre en la cocina. O, más que desastre, impaciente.
Siempre tengo algo mejor que hacer, así que, a menudo, cocino cualquier cosa rápida, o caliento lo primero que pillo en la nevera.
Solo que, de vez en cuando, me gusta que lo que tengo que hacer sea eso. Comida.
Es una manera de reconocer el placer de la comida. Nos estamos acostumbrando demasiado a lo que he dicho antes: "cualquier cosa rápida".
Y se nos está olvidando disfrutar.
El acto sensual de comer. Y el de cocinar. Sobre todo si cocinas para alguien a quien amas.
La cocina tiene algo mucho más que sensual. Alquímico. Mágico.
La mezcla de texturas, de aromas. El vapor perfumado, el canto del agua hirviendo, las especias.
Me gustan las especias. Me gusta que me hagan pensar en lugares lejanos. Y el sentirme como una bruja espolvoreando el ingrediente mágico en su caldero para darle el punto justo a la pócima...
Así que mis recetas tienen especias.
Si es un postre, llevará canela.
A las patatas asadas les va la pimienta.
Y al chocolate también. Sobre todo la rosa.
Y mi cuscus favorito sabe a comino y curry.
Y, además de favorito, es facil y rápido.
Apuntad:
En aceite de oliva (siempre), doramos unostaquitos de pollo (o de cualquier otra carne, hasta cerdo, si queréis. Vamos, si no sois musulmanes), ligeramente salados. Luego añadimos ensaladilla rusa, de la congelada y también la doramos un poco (no os paséis con la cantidad, que aún faltan cosas). Naturalmente, está mucho mejor si las verduritas las preparáis vosotros, pelando, cortando y cociendo, pero ya hemos quedado en que sería RÁPIDO. También añadiremos unos champiñones fileteados y, poco después, una cucharadita de curry y otra de comino (o más, o menos, depende del gusto de cada one) Cuando todo esté bien amarillo, llega (por fin) el cuscus. Una tacita de café por persona, si es que queréis que sea plato único. A mi me gusta dejar que se tueste un poco antes de echar el agua, pero eso va a gustos. Echamos agua caliente, o caldo, en la misma proporción que el cuscus, y lo apartamos del fuego. Dejamos reposar hasta que se consuma el líquido, y a la mesa antes de que se enfríe.
Rico rico.
Otro día os explico el tabuleh de mi madre.
O la tarta Selva Negra.
O las galletas de canela.
O el té a la menta.
Si será por recetas...
Ahora, de momento, a disfrutar.
Que para eso hemos venido al mundo.
Y quién aún piense que es un valle de lágrimas, ya se puede ir buscando otro blog.
Porque aquí no encontrará de eso...




Me recuerdas al libro "Como agua para chocolate", se saborea, huele, mientras se te lee. Un beso
Nena, escribas de lo que escribas, también con las fotos con las que te adornas, estás alcanzando unos niveles de sensiblidad que tus posts son como apologías vitalistas y bellas de cualquier cosa. La persona que alcanza esos niveles tiene la obligación de ser feliz disfrutando todo eso que describe...A la melancolía, cuando viene, que viene, hay que darle sólo un poquito de uno, lo justo.
Viva, en este caso, la gastronomía.
Un beso
Qué cojones es el tabuleh?!!!
Fuerza y honor.
Receta de la Tarta Selva Negra YA!
Una, me encanta ese libro, así que no me extraña que te lo recuerde. Supongo que esas cosas se quedan en el subconsciente, y salen cuando menos te las esperas...
Jose, es que la vida es demasiado corta para tener miedo de pecar. Me encanta pecar. Aunque es verdad que de vez en cuando aparece la melancolía. Entonces escribo algún post apocalíptico, y a otra cosa (todos tenemos nuestros ratos)
Mi delicado Nick Furia, el tabuleh es lo de la foto, una especie de ensalada de cuscus con tomate, pimiento, pepino, olivas negras y menta fresca, todo aliñado con buen aceite de oliva y limón. Una delicia árabe...
Interina, la Tarta Selva Negra (así, con mayúsculas) y el chocolate en general merecen un buen artículo para ellos solos. Ya pronto. Veo que eres de las mías en lo que a chocolates se refiere...