Primero, que vivir es la mayor experiencia educativa. Solo el hecho de estar vivo, de experimentar, de tocar, de sentir, nos enseña.
Quiero que eso quede bien claro.
Segundo, que nunca, jamás, dejamos de aprender. No importa que dejemos la escuela. No importa dónde vayamos, que hagamos. Cada día de nuestras vidas, hasta el último de ellos, aprendemos.
Y algo tán básico, tán fácil de entender como eso, parece que hay quien no lo tiene tan claro. Incluso ahora, a estas alturas, hay quién no lo tiene muy claro. Herencia, supongo, de cuarenta años grises. Cuando el pensamiento libre era pecado mortal. Cuando la escuela daba miedo, cuando allí no se aprendía nada más que a recitar la lección de carrerilla, y sin pararse a pensar mucho en su significado. Cuando no se educaba, si no que se adoctrinaba.
Aún hay quien piensa que nuestro trabajo consiste en enseñar. Ya dije el otro día que no. Debemos educar. Lo otro ya vendrá solo...
"El trabajo del educador es el de facilitar el proceso natural del aprendizaje)
(Maria Montessori)
Algo tan simple como eso.
Antes de los cuarenta años grises, había ya gente que lo tenía muy claro.
Durante una breve etapa luminosa, en las primeras decadas del s. XX, hubo gente que quiso cambiar. Y sacar la escuela de las aulas. Y crear una escuela activa, en plena naturaleza. Y enseñar a aprender, no a memorizar.
Hace ya casi cien años de eso, y los principios de esos maestros revolucionarios me parecen mucho más modernos que algunos de los que tengo que ver ahora.
Por ejemplo, como he dicho, la enseñanza activa. Que no consiste en otra cosa que en aprender a partir de la propia experiencia. De manera que ya nunca más el maestro sería un enseñante, si no un guía, una ayuda, un apoyo. Un educador, en definitiva. Y la escuela, por fin, sería un lugar vivo, integrado en su entorno, una parte más de la sociedad, abierta a los cambios, a la experimentación, a la vida, al fin y al cabo.
Durante cuarenta años grises no fue así. Y ahora aún vamos arratrando las consecuencia de ese tiempo oscuro, de las escuelas con crucifijos, de "los niños con los niños y las niñas con las niñas", de los regletazos en la palma de la mano, del señor maestro y el caudillo de España por la grácia de dios.
Antes hubo luz.
Antes, hubo una escuela enun bosque.
Lo dijo Rosseau: "La mejor escuela es la sombra de un árbol". Antes ya lo sabían hasta los antiguos celtas, con sus escuelas en los setos, donde los bardos enseñaban los secretos del mundo...
Siempre he querido trabajar en una escuela bajo un árbol...
A principios de siglo, el Ayuntamiento de Barcelona solo tenía competencias para crear escuelas especiales. De manera que, con el objetivo primordial del fortalecimiento de la salud, en 1914 se creó una escuela en plena naturaleza, en el parque de Montjuïc. Una escuela en un bosque. La idea es que fuesen solo los niños con la salud delicada. Claro que, en 1914, en la Barcelona industrial, no había niños que no la tuviesen...
Esa fue la excusa. O el punto de partida, si lo preferís así. Entró a dirigirla la pedagoga y maestra Rosa Sensat, que redactó unos breves principios pedagógicos, entre los que se incluía, sobre todo, el del respeto al niño como centro del sistema educativo, así como la vida en plena naturaleza, la importancia de la salud, el contacto indispensable entre los niños y el mundo que les rodea y una especial atención a la familia.
Una revolucionaria, vamos.
Pero con permiso para experimentar. Y se atrevió.
Pusieron en práctica, sin dudarlo, sin miedo, las ideas de John Dewey y los principios de la escuela de l'Ermitage de Decroly, quien propugnaba la preparación para la vida a partir de la vida misma, mediante actividades que permitiesen la satisfacción de los intereses primordiales del niño, entre ellos el de cobijo, protección ante los peligros y, también, el afán de superación. En definitiva, se pretendía fomentar la curiosidad natural de los niños, quetánto ha cohartadola escuela tradicional. Decroly afirmaba también que los niñosven sus experiencias educativas como algo global, no compartimentado de forma artificial en asignaturas y materias. Se trataría, entonces, de establecer un método natural. De nuevo, como he dicho antes, el maestro deja de ser el protagonista. El niño es el único protagonista de su propia educación. El maestro, su guía, su acompañante en el camino del aprendizaje. Se trabajaba, pues, sin libros de texto, a partir de las necesidades e intereses de los própios niños, mediante centros de interés y proyectos, graduados según la edad, realizando ejercicios basados en la observación directa, la busqueda y la expresión personal por medio de diferentes lenguajes (escrito, oral, dibujos, música, poesía...)
Toda esta hermosa parrafada teórica que os acabo de meter solo quiere decir una cosa: se aprende viviendo. Curioseando. Mirando. Oliendo. Tocando. Ensuciandose. Equivocandose.
Así lo entendió Rosa Sensat, y así lo aplicó a la Escola del Bosc, junto a las prácticas de la Escuela Nueva. Puso mesas en el jardín para poder trabajar al aire libre, tanto en grupos como de forma individual. Los niños y niñas podían comentar sus problemas con el maestro, y tenían la obligación de acabar lo que habían empezado, siguiendo su propio ritmo. Como dijo Rosa Sensat "Hem d'aprendre a perdre el temps per tal de guanyar-lo" (Debemos aprender a perder el tiempo para poder ganarlo)
Pocos años después, el 3 de Agosto de 1921, siguiendo el mismo ideario, nace la Escola del Mar, en la playa de la Barceloneta, con una franja de arena própia y un hermoso edificio de madera.
Que ardió bombardeado por los salvadores de la patria en 1938.
Valientes heroes perseguidores del enemigo rojo que bombardean escuelas.
¿Dónde estaba ese enemigo escondido?
Os lo diré. Porque estaba tan escondido que ni así pudieron acabar con él. El enemigo que habitaba en las escuelas estaba en las mentes, y en los corazones, de todos y cada uno de aquellos niños y maestros. Una semillita de libertad, sembrada por la escuela republicana.
Que ahora puede volver a brotar.
Las dos escuelas han vuelto a existir. Existen, ahora. No se si seguirán siendo igual que entonces, pero aquí están. Para que veáis que ni las bombas ni los dictadorzuelos con bigote, ni los años grises, pueden acabar con las semillas de libertad...
(Si queréis consultar las webs de las dos escuelas, podéi mirar aquí: Escola del Bosc, Escola del Mar)