La Rambla de Barcelona acaba de presentar su candidatura como Patrimonio Intangible de la Humanidad.
Y con razón. En apenas un quilometro de paseo, un mundo. Tal vez los edificios que la conforman no sean los más hermosos de la ciudad. Aunque se pueden encontrar maravillas como la pastelería Escribà, o el Mercat de Sant Josep, la Boquería de hierro y cristal, o el teatre del Liceu, quemado y reconstruido tántas veces...

Puedes pasear atrás en el tiempo, puedes encontrar extraordinarios edificios modernistas con paraguas y dragones en la fachada, o palacios de piedra convertidos en museos, en cuyos patios viven los monstruos...

Pero ya os he dicho que no es eso. Es algo intangible. Algo que solo los que han estado allí pueden entender. Es la sombra de los grandes plátanos, es el río de gente, son los quioscos de flores y animales. Son las estatuas vivientes, los artístas callejeros, los parranderos que la recorren a altas horas de la madrugada. Son los trileros, y el vendedor de poemas, y el fantasma de la Monyos.
Es Antonio Gades bailando en la noche a la luz del agua...
Y los retratistas y pintores.
Y los vendedores de recuerdos pakistanís (¿un sombrero mexicano y un vestido de sevillana con la camiseta del Barça?)
Y los puestecitos de artesanía los domingos.
Y Colón, al final, que se equivoca al buscar America hacia allí, en el Mediterraneo.
Y el olor a mar.
Y a fritangas.
Los donner kebab y el Pan's.
Los carteristas y los turistas del color de las gambas.
Los bares que te cobran un dineral por una botella de agua.
Y los que te invitan a la tapa.
Las paradetas de libros y rosas en Sant Jordi.
Los gigantes y grallers en la Mercè.
Los monstruos y bestias prodigiosas de la Fiesta Mayor.
El Maradona de las Ramblas. La folclorica polvorienta del sombrero cordobés. Los músicos indios.
La he recorrido ya tántas veces que, a menudo, me olvido de ella. Laatravieso rápido para ir a otro sitio. Ni tan solo la miro.
Hacen falta cosas como esta para recordarme que la Rambla está ahí, llena de vida. Llena de cosas que contar. Vale la pena ir a Barcelona solo por ese paseo. Vale la pena sentarse en la terraza de un bar, o en un banco, solo a recoger historias.
De Plaça de Catalunya a Colón, un mundo.
Intangible.
Inexplicable.
Pero que mundo...
Y para los que apoyen la iniciativa, un regalo. Los monstruos de la Rambla. Monstruos de fiesta mayor, con aliento de flores y chispas de fuego...
Este se dedica a asustar a las viejas beatas al salir de misa...

Este es mucho más bueno, aunque no lo parezca.
Aunque realmente no se porqué.
Escupe fuego, como el otro, y persigue a los niños y a los señores trajeados con maletín negro.
Los niños se ríen.
Los señores trajeados, como de costumbre, se ponen de mal humor, le echan la culpa a sus subalternos y dicen cosas como "con Franco se vivía mejor".

Y esta, la verdad, no se quien es...

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