La hora de comer, en la escuela, suele ser, como mínimo, curiosa. Y para curiosa, la discusión de hace unos días. Aunque llamarlo discusión es mucho decir. Más bien un monólogo. Una experiencia paranormal, diría yo...
Estabamos comiendo. Sobre las dos de la tarde, una sala llena de profes estresados destripando a las pobres criaturitas (no hagáis mucho caso de eso, es solo una terapia anti-estrés para poder afrontar la tarde con fuerzas) En medio de una carcajada estruendosa (ni idea de porqué nos reíamos), entra una compañera. También bastante paranormal, la mujer. Para que lo vamos a negar.
De todo tiene que haber...
Esta, en concreto, es una señora bastante mayor, a punto de jubilarse, y con algunas ideas bastante curiosas sobre la escuela, de las que hablaremos otro día.
Bueno, quiero creer que su discurso siguiente fue debido a un subidón de azucar, o algo así. Si no, no se explica muy bien a que vino aquello.
Porque una cosa es segura, en la escuela no solemos hablar sobre política. Más que nada porque no viene al caso casi nunca, y porque cada uno es libre de pensar lo que quiera mientras no interfiera en su trabajo. Esta señora que digo, por ejemplo, tiene unas ideas que tienden claramente a la derecha. Un día, hasta salió en las noticias, acarreando una enorme bandera española en una de las múltiples manifestaciones del PP. Lo cual, no nos confundamos, me parece perfecto. Todo el mundo tiene derecho a pensar y expresarse como le parezca. Y hasta ahora, no había habido ningún problema en la escuela, ni con su ideoogía ni con la de nadie, más que nada porque la escuela debe existir al margen de las ideologías. O eso creo yo.
Bueno, espero que siga así. Que lo del otro día no fuese más que un "rampell", como decimos por aquí. O, como mucho, una aviso de futuros chocheos (pobre mujer, solo bromeo)
La cosa es que entró muy alterada, porque el hijo "maricón" (sus palabras, no las mías) de un conocido estaba en las listas de su pueblo por el PP. Y la pobre mujer no tenía muy claro si debía alegrarse por ello (el conocido, padre del joven, era, según sus palabras, un rojo) o escandalizarse. Hasta que alguien comentó que era bastante raro, un homosexual en el PP. Entonces ella ya lo tuvo bien claro: que qué nos pensabamos, que dónde va a estar mejor, que ya ves lo que había hecho la izquierda por los maricas, mira los cubanos...
Nadie pudo detener aquel torrente desbocado, entonces (ni ganas). Así que nos tuvimos que guardar para nosotros los recuerdos de los homosexuales gaseados por los nazis, o condenados a la carcel por el franquismo, abuelos que hoy en día aún tienen abierto un expediente policial por "desviados". No pudimos decirle que la izquierda, por lo menos, les daba la posibilidad de casarse si querían, de adoptar un hijo, de formar una familia. Cosa que, por cierto, a su querido PP le parece una aberración que va a acabar con la familia, porque los homosexuales no son más que enfermos, en el mejor de los casos.
Pero después de aquello vino mucho más. Como si se hubiese abierto alguna compuerta secreta en su interior, apareció todo lo que pensaba sobre nosotros. Y con "nosotros" quiero decir el resto de la humanidad.
Porque todos eramos malos, menos ella. Los compañeros de trabajo, los padres, los alumnos. Todos la odiabamos, por lo visto, por ser castellanoparlante. Cosa bastante absurda, teniendo en cuenta que mi escuela está situada en un barrio marginal con una inmensa mayoría de inmigrantes que hablan en los idiomas más variados (incluido el castellano). Y doblemente absurda teniendo en cuenta que la mitad del claustro también lo es, solo que no exclusivamente, y hablamos indiferentemente el castellano y el catalán entre nosotros, con los padres y, depende de en que situación, con los alumnos. Y el árabe y el swahili porque aún no lo hablamos con fluidez, que si no...(yo voy ya a por el chino). Pero ella insistía: "Los españoles estamos discriminados en Cataluña, no puedes hablar español, las cartas de todos los restaurantes están solo en catalán, y los carteles, y todo el mundo te habla catalán aunque tú no lo entiendas." Ya he dicho cuanto castellanoparlante hay en el claustro. Y, la verdad, esta es la primera noticia que teníamos de nuestra terrible situación de discriminación. Dicho por una mujer que, aunque nacida fuera, lleva toda su vida viviendo y ejerciendo como educadora en Cataluña, y que no habla ni una palabra de catalán. No pasa nada, mi padre tampoco lo habla (dice que le da vergüenza). El problema viene cuando se supone que debes enseñarlo. Y decides no reciclarte porque ya tienes bastante con lo que sabes. Así que te limitas a enseñar castellano en ciclo superior. Eso es vida...
Siguió un rato más con Cataluña, ya sabéis, lo de siempre "separatistas, tacaños, cerrados, antipáticos". Según ella, un familiar suyo había venido de visita y "todo el mundo le hablaba en catalán". No nos atrevimos a preguntarle si ese familiar había dicho, al ser contestado en este idioma "Disculpe, es que soy de fuera y no entiendo el catalán". O si se le ocurrió pedir la carta en español en el famoso restaurante. Porque si no se la dan, tiene todo el derecho a acudir al defensor del consumidor...
Para que aburriros más. Se limitó a seguir por este camino por lo menos durante un cuarto de hora, ella solita, sin que nadie abriese la boca ni apra seguir comiendo. Arremetió contra todo y todos: homosexuales, inmigrantes, abortistas, catalanes, lectores del País, rojos, masones, moros, terroristas (esos eramos los que le llevabamos la contraria...aunque solo fuese por dentro, porque ya digo que ni abrir la boca).Y más: asesinos de los pobres viejecitos, les queréis aplicar la eutanasia para libraros de ellos, antiespañoles, apátridas, falsos, racistas, moros, negratas , sudacas, okupas...
Todos tuvo cabida en aquella explosión.
Y lo bueno es que, tal como vino, se fue.
Se levantó de la mesa y salió de la sala como una exalación. Ni decirle adiós pudimos. Y ya no te digo replicar a sus palabras.
Ya os digo: un auténtico fenómeno paranormal.
Aunque todos sabíamos ya de que pie cojeaba aquella señora (como sabemos del pie que cojean otros), nunca habíamos visto, en una escuela, algo así. Ni fuera, ahora que caigo. Parecía poseida por no se que tipo de demonio.
Solo le faltó decir que con Franco se vivía mejor.
Ojo, que cada uno es libre de pensar lo que quiera.
Y de expresarlo.
Pero aquella reacción excesiva, aquella explosión, aquel río desbordado...eso fue lo que nos dejó mudos a todos.
Y luego, por la tarde, como si no hubiese pasado nada...
No se, a lo mejor es porque solo llevo dos años aquí y no la conozco mucho. A lo mejor el resto del claustro ya está acostumbrado a estas cosas.
Solo se que, cuando ella salió por la puerta, los demás siguieron comiendo como si nada...