Dicho por una atea practicante:
No quiero que pase esto

No quiero que la cierren.
No quiero que vuelvan a ganar los de siempre.
Los poderosos.
Los falsos.
¿Que iglesia es esta, que no permite la diferencia?
No pueden permitir la esperanza. Si la gente tiene esperanza, no tiene miedo, y sin miedo ¿de que sirven ellos? ¿de que sirven las religiones?
En esa iglesia sencilla, con esa gente sencilla, ahí está la esperanza.
En esos curas de verdad, que simplemente quieren ayudar, sin que importe la religión del otro, su origen, su lengua, su vida...¿que más da? Todos somos personas.
Sigo sin ser creyente. Pero respeto, más que a nadie, a esos curas del pueblo, que siguen, realmente, el camino que inició ese hombre cuya muerte se conmemora en estos días.
Hombre, si. No hijo de dios. Hijo de un carpintero.
Solo quería paz, dicen. Amaos los unos a los otros. Todos somos iguales.
Aunque parece que para el papa Ratzinger, unos son más iguales que otros.
Desde mi más profundo ateismo, repito: esos curas del pueblo, esa iglesia de los pobres, son los que se merecen todo mi respeto.
No las figuras cubiertas de terciopelo y oro. No los cofrades llorosos, flagelandose antes de cenar. No los inciensos, ni los ricos boradados, ni las obras de arte. Ni una sola piedrecita del Vaticano.
Solo esa iglesia, pequeña y humilde, en un barrio de Vallecas...