"Como mujer no tengo patria.
Como mujer, no quiero patria.
Como mujer, mi patria es el mundo entero"

(Virginia Woolf)
No creo en las banderas.
Aún a riesgo de que me llamen apátrida.
Como si eso fuese un insulto...
Una apátrida no es una mujer sin patria. Como muchas mujeres, como yo misma, una apátrida es una nómada. Y la patria de los nómadas es el mundo, el camino bajo los pies, las estrellas arriba, el alma barca, las alas para volar.
Mi patria está en todas partes.
No en ninguna. Como no tengo patria, las tengo todas.
El lugar donde nací es mi patria. El lugar donde vivo ahora. En este momento, mi patria es la casa blanca, la casa de la veleta, al lado del bosque. Mi única bandera, ese gallo de hierro que gira al compás que le marca el viento.
También los lugares por los que he caminado, las tierras lejanas que dejaron su polvo en mis zapatos. Allí donde se ha quedado algo mío, rincones del mundo que viven en mi. Irlanda, Corfú, Estambul, Varanasi, Brocèliande,...
Tal vez, también, esos lugares en los que alguna vez estaré. Patrias futuras, mundos lejanos que ahora solo son sueños, imágenes en revistas, palabras sin fondo. La Isla de la Gran Tortuga, la otra America. África, de norte a sur, de este a oeste, el origen de la vida. Nueva Orleans y el Mississipi. Lejanas islas en mares turquesa.
Incluso aquel barco azul en medio del mar...
Y también este pais, por supuesto. España. Porque es donde nací. Y Cataluña, que es el rincón que siento más mío. No lo voy a negar. Solo que ahora algunos han conseguido que nos avergoncemos de ser lo que somos. Apropiandose de todo un pais, de toda una tierra, convirtiendola en su feudo privado. Apropiandose de los símbolos de todos. Usandolos en su propio interés. Ahora, su país, su himno, su bandera.
Pobre España...
Pobre Al-Andalus, pobre Sefarad...
Aún así, no creo en las banderas.
Solo son pedazos de tela, colores chillones que decoran las calles de mi viejo barrio por San Juan.
Y sin embargo, cuantos muertos en su nombre.
Cuantos despropósitos.
inútiles trapos que solo sirven para cubrir a los muertos, trapos de colores para herir, trapos de colores para morir, trapos de colores para separar.
Quizás aún crea en alguna bandera, pensandolo bien. La bandera blanca. No la de la rendición, la bandera de la paz. Tal vez, también, en la bandera libertaria, la rojinegra de mi abuelo, aunque solo sea por cuanto luchó por ella toda su vida.
Pero no. Tampoco. A lo mejor, si existiese, la mía sería la bandera de los nómadas. La de la libertad.
Una bandera para los apátridas, para los que nos conformamos con vivir en el mundo, para los que no queremos fronteras, ni himnos (que poco me gustan los himnos, ritmos belicosos, marchas militares, música de guerra).
Para los que no tenemos bandera.
Me gustaría saber cual es la bandera de los sin bandera...