Una historia. La historia de un misterio.
Vivo en una comarca de misterios. Una tierra de brujas y aparecidos, de criaturas fantásticas que se ocultan en cuevas y agujeros.
Así, no es extraño que hasta el pueblo más pequeño tenga una historia que contar.
Un pueblo pequeño y medieval como Mura. Un pueblo tranquilo y sencillo en la montaña.
Aquí va el misterio...
A mediados de los ochenta se estaban realizando obras de restauración en la pequeña iglesia románica de Sant Martí, en el pueblo tranquilo. La iglesia dispone de un hermoso portal del s.XII, aunque este es un añadido posterior, puesto que la iglesia primitiva, del s. XI, fue ampliada y su puerta se tapió para abrir la actual.
Uno de los trabajos de restauración consistía, precisamente, en abrir de nuevo la entrada primitiva.
Al retirar los operarios los primeros bloques de piedra ya se vió que algo extraño pasaba. Sonaba a hueco. Así que avisaron al capataz y a los arqueologos que supervisaban las obras y, con sumo cuidado, procedieron a retirar el resto de los bloques.
Detrás no había simples escombros, como era de esperar, si no que se encontraron con un pequeño espacio vacío, una diminuta estáncia, en la que habían emparedado ya hacía mucho una tumba de piedra. Se trataba de un pequeño osario como los que se suele encontrar en numerosas iglesias, catedrales y monasterios, y estaba decorado con franjas horizontales y cruces resplandecientes inscritas en círculos.
Primer misterio: ¿quién era la persona o personas que habían sido enterradas allí, en un lugar doblemente sagrado, por portal y por iglesia? ¿y porqué no había ninguna señal externa que marcase aquella tumba?
Al levantar la tapa a dos aguas del sarcófago de piedra apareció el otro misterio.
En medio de los huesos humanos había una calavera con un agujero en la frente. Y del agujero sobresalía un rollo de papel medio podrido, con una delicada escritura propia de los s. XIV o XV.
Lamentablemente, nunca sabremos que ponía en aquel papel. Con el miedo, o la sorpresa, o la mala suerte, al obrero que debía coger la calavera se le resbaló entre las manos. El craneo se hizo pedazos, y el frágil pergamino se deshizo nada más tocar el suelo.
Aunque los restos del papel fueron recogidos con mucho cuidado y enviados a Vic para su estudio, es evidente para quién los ve que sería prácticamente imposible, dado su estado actual, llegar a descubrir cual era su contenido.
Así que esta historia no es más que eso: un misterio. Una pregunta sin respuesta.
Pero son los misterios los que le dan sabor a la vida...