Me encantan.
Y no estoy hablando de comida mexicana.
Aunque la verdad es que hay algo sabroso en un taco bien dicho. Sonoro y a tiempo. Así es como me gustan. Soltar un taco en el momento apropiado se convierte casi en una "experiencia religiosa". Tiene algo casi místico y, a la vez, muy físico también.
Que gusto, soltar un buen taco en el momento apropiado. Por supuesto no me paso el día soltando tacos, no os vayáis a pensar. Se perfectamente cuando toca y cuando no toca (no vayamos ahora a darle la razón a algunos). Por ejemplo, nunca soltaré un taco delante de un niño. Ni aunque me muera de ganas (soy humana, caramba...). Pero dada mi profesión, me parece que no sería muy apropiado (ya sabéis, educación en valores, educar con el ejemplo, esas cosas). Pero en la vida privada es muy diferente, y a veces un buen taco a tiempo te puede arreglar (y alegrar) el día. No creáis, no soy muy sofisticada, con estas cosas. Ya lo he dicho antes: me gustan los tacos sonoros y contundentes (serán mis genes aragoneses). Nada mejor que un buen "mierda" cuando tienes un mal día. Y luego, a vivir.
Casi diría que se respira mejor cuando sueltas un buen taco. Se puede convertir, incluso, en un acto tán sensual como una caricia. O, más bien, como una bofetada. Por lo menos igual de sonoro...
Me encanta...
No os vayáis a confundir. Creo que no soy una mal hablada. Ni me gusta insultar a nadie (no es lo mismo un insulto que un taco). Pero hay momentos-taco maravillosos.
Cuando un yupi con movil se salta un ceda el paso ante tus narices.
Cuando internet no quiere funcionar.
Cuando se rompe de la manera más tonta ESO tán importante o tán difícil (o las dos cosas) que acabas de hacer.
Cuando el tren llega con retraso. O cuando lo pierdes.
Cuando algo no sale como es debido.
No arreglarás nada. Pero mira que te quedas a gusto, de verdad...
(Escrito un día que estaba harta de la corrección política de las narices. Hasta esos desahogos nos quieren quitar. Y quien esté libre de culpa que tire la primera piedra...)