Somos criaturas sensuales.
Desde siempre, la mayoría de las religiones han negado el cuerpo humano. Nos han anulado y asustado, convirtiendo cada uno de nuestros actos físicos en un terrible pecado.
Pero la vida no es solo espíritu. No somos solo alma. Somos físicos.
Criaturas sensuales.
Capaces de convertir un simple acto fisiológico, un acto de mera supervivencia, en un placer. O en un pecado...
Me gusta pecar, entonces.
Soy una criatura sensual.
Me gustan mis sentidos. Me gusta estar viva.
Hedonismo, le llaman a eso, y casi parece un insulto.
Aún no se que tiene de malo sentir. Aún no se que tiene de malo ser feliz.
El placer de una buena comida, por ejemplo. Con los amigos, con la familia. El aroma delicioso, vivo, de una cocina en plena ebullición. El calor perfumado de los guisos, de las especias, el sabor intenso, plagado de recuerdos, de un guiso familiar.
Sin pensar en calorías. Sin pensar en pecados.
Y el placer de beber. El líquido frío en la garganta reseca, pero también el sabor amargo, terroso de una copa de vino del color de la sangre, o la luz solar de un vino blanco. O el agua. No hay que ir más lejos. Cuantas veces bebemos sin tener sed. A menudo me gusta tomar un trago de agua limpia, en una fuente, en un vaso de cristal, en un río de montaña. Por el simple placer de sentir.
Debemos de ser los únicos hijos de la Madre Tierra que comemos, bebemos y amamos por simple y puro placer.
No por supervivencia. Ni para procrear. O no solo por eso, al menos...
Somos criaturas sensuales.
Y nos gusta serlo.
Mirad, si no, el placer de amar. Mirad, si no, "lo más divertido que se puede hacer sin reír", que dijo Woody Allen.
El placer por el placer. por el placer de sentirse amado.
Aunque solo sea un roce. Una caricia. Un beso suave en la nuca. No hace falta mucho más. Aunque después pueda haber mucho más. Sin pensar en el pecado.
Pero el mayor placer de todos, el más innecesario, el más pecaminoso, ha sido siempre la risa.
Reír nos hace humanos. Reir nos hace libres. reir espanta el miedo, y el frío, y la oscuridad.
La risa, la buena y pecaminosa risa, ensancha los pulmones, relaja los músculos, libera tensiones.
Reir ilumina la mirada, suaviza las arrugas, refuerza el pelo.
Reir nos hace más atractivos, más altos, más listos, más buenos.
O no.
Pero y lo bien que lo pasamos intentandolo...
Lo que si que es seguro es que reir amplia el espacio en que guardamos el alma. Y eso nos hace más libres. Y la libertad nos hace más felices. Y la felicidad es el mejor tratamiento de belleza.
Así que riamos todos, criaturas sensuales.
Por el simple placer de reir.
Por el simple placer de vivir.
La vida es una fiesta, criaturas sensuales. Una fiesta demasiado corta para desperdiciarla pensando en pecados y en calorías.
Así que ya sabéis. Estáis todos invitados a la fiesta. No hace falta que traigáis nada. Ya lo encontraréis todo aquí. Solo tenéis que disfrutar. De la comida, de la bebida, del amor. De cada bocanada de aire fresco, de cada puesta de sol, de cada árbol, de cada pájaro en vuelo. De cada niño, de cada idea, de cada aventura.
Disfrutad de cada rincón de vuestra vida.
Y, sobre todo, no os olvidéis de reír.
Eso si que es una fiesta.
Nos vemos, criaturas sensuales...