Los niños andan siempre con los ojos abiertos, sorprendidos por cada pequeña maravilla que pasa ante ellos. Y si tú, como adulto "responsable" sabes abrir los ojos a sus maravillas, descubriras cómo de diferente puede ser su mundo del nuestro.
Desde hace dos años estoy trabajando en una escuela de barrio, muy sencilla, y con una variedad increible de colores, razas, lenguas, ideas. Lo cual, para mi, es muy divertido, pero para un niño puede ser, como mínimo...alucinante.
Y esa manera de ver el mundo te la puedes encontrar cada día, cómo no, en el patio de la escuela.
Como el día que Javier, con apenas tres años, vino corriendo a mí hecho un mar de lagrimas:
-Maríaaaaa. Maríaaaaaaa. El niño ese me ha pegaoooooo.
-¿Que niño?
Y Javier señala a Souleymane, que tiene un año más, y también (por lo menos) un cuerpo más que él.
Souleymane es nigeriano, y feliz como una perdíz. Lo ví correr tán contento que no supe si se refería a él, mi Javi. Además, había muchos niños por alrededor, así que vete tú a saber...
-¿Cual?
-¡Ese! ¡El niño de chocolateeeee!
Para que lo vamos a negar. Ese es el color exacto de Souleymane...
Como Aisha, que además es igual de dulce.
Tánto que el otro día se le acerca Christian, que apenas sabe hablar, mirándola con expresión alucinada. Y Aisha allí, quietecita. Y Christian que alarga, despaciiito despaciiito, un dedo. Y despaciiiito despaciiito, lo pasa por la cara de Aisha. Y lo mira. Y Aisha lo mira a él ("¿Que hace este zumbado?"). Y luego, despaciiito despaciiito, Christian... se lame el dedo.
Claro que la variedad sabrosona puede ser de otro tipo. De todo tipo. Color, si, pero también lengua ("Esa niña habla inglés" me dijo el otro día uno de los mayores ante la parrafada árabe que le soltó Lamyae). Y simplemente, aspecto físico.
Algo tán único, y tán mágico, como los gemelos.
Christian (otro Christian) y Johnatan, iguales como dos gotas de agua, que se enfadan cuando les confundimos. Van a clases separadas para que aprendan a convivir con otros niños, para que desarrollen su propia personalidad.
La reacción de sus compañeros, el primer día que los vieron juntos, en el patio:
-¡María! ¡Maríaaaa! ¡HAY DOS!
4 comentarios
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jajaja tiene que ser divertido estar con niños tan pequeños, con la imaginación que tienen y las cosas que dicen, eso si... me quedo con lo de "el niño de chocolate" ijaijaijaija
Hola María! de verdad que le levantas a uno la moral, con las aventuras y desventuras de una profe..
Lo de los gemelos, alguno debió de pensar, "debe ser uno, solo que muy nervioso".. ;P
La verdad que los únicos que no mienten en este mundo, como dice el dicho "ni los niños, ni los viejos, ni los locos".. es una aseveración, pero a veces uno lo piensa y es cierto.
Un abrazo...
¡NO A TODA CLASE DE VIOLENCIA!
¡NO A LA XENOFOBIA!
¡CERRÉMOS GUANTÁNAMO!
¡INVESTIGAR CRÍMENES DE GUERRA!
¡APOYO A LAS PERSONAS MIGRANTES!
Que encantos¡¡ y que suerte trabajar con niños, sigue contándonos cosas así que nos agradan mucho.
Un beso
Yeray
Marieta, conoces a mi profe favorito? Es de naturales, y lo encontrarás entre mis amigos si nunca lo has leido, porque me recuerda a tí, solo que él curra con niños grandes...
Lo que más me gusta de los peques de esta edad es que aún no han creado los filtros necesarios para no decir lo que realmente piensan y por eso las cosas salen así, redondas, tal cual se les ocurren.
La malicia no nos sorprende porque de tan chiquitas no es casi ni peligrosa. Pero reflejan como nada lo que se respira en casa, y ya con tres años detectas a los solidarios, a los enfadones, a los racistas, a los vengativos... esas cosas.
Sólo hay que enseñarles donde está el camino de la felicidad propia sin dañar la ajena. Y si lo quieren tomar tendrán que elegir ellos...
Un beso!