Vas marxar no sé on.
Ni els cims ni les aus
no et saben les passes.
Vas volar sens dir res
deixant-nos només
el cant del teu riure.

No sé on ets, Margalida,
però el cant, si t'arriba,
pren-lo com un bes.
Crida el nom
del teu amant,
bandera negra al cor.

I potser no sabràs
que el seu cos sovint
ens creix a les venes
en llegir el seu gest
escrit per parets
que ploren la història.

I que amb aquesta cançó
reneixi el seu crit
per camps, mars i boscos,
i que sigui el seu nom
com l'ombra fidel
que és nostra tothora.

Joan Isaac, "Margalida", dedicada a la amante de Salvador Puig Antich.
Para los que lo necesiten, aquí está la traducción:

"Te marchaste, no se dónde.
Ni las cimas ni las aves
sabían de tus pasos.
Volaste sin decir nada
Dejándonos nada más
el canto de tu risa.

No se dónde estás, Margalida,
Pero el canto, si te llega,
Tómalo como un beso.
Grita el nombre
De tu amante,
Bandera negra en el corazón.

Y tal vez no sabrás
Que su cuerpo a menudo
Nos crece en las venas
Al leer su gesto
Escrito en las paredes
Que lloran la historia.

Y que con esta canción
Renazca su grito
Por campos, mares y bosques,
Y que sea su nombre
Como la sombra fiel
Que es nuestra siempre."

Pues si. Ya la he visto. Fuí a verla con mis padres, porque ellos también estuvieron allí, porque tenían la misma edad que Salvador cuando pasó todo, porque lo que se ve en esa película le podría haber pasado a mi padre.
Os lo aseguro. Su vida no es tán diferente de la de Puig Antich. Sólo que mi padre tuvo más suerte.
Mientras veíamos las escenas de las manifestaciones, de la policía atacando a los jovenes, de las detenciones, mi madre, a mi lado, no dejaba de murmurar "Era así, era exactamente así..." Porque ella lo vio. Porque ella era una de esas jovenes. Más parecida a Margalida que a Cuca, tal vez un poco menos hippie, pero mi madre podría haber sido Margalida.
Me gustó ir al cine con ellos. Como cuando era pequeña. Solo que esta vez, fue todo diferente.
Al salir, casi no hablaron.
Esta mañana si.
Esta mañana han hablado mucho. Recordando viejos tiempos, locuras de juventud, tristezas y opresiones.
Y recordaron, casi con vergüenza, o con rabia, algo que no se ve en la película. Que los grupos de izquierdas del momento no hicieron nada por salvar a Salvador. Que nadie se movió. O, si. Había muchas cosas por las que luchar, entonces. Pero Salvador era un anarquista, un libertario, como lo fue mi abuelo muchos años antes. Era un radical, bajo el punto de vista de algunos. Y nadie hizo nada por evitarle el garrote vil. Ni tan solo protestaron.
Me ha gustado, por supuesto, que ahora se le vuelva a recordar. Me ha gustado que esta película trate, en cierta manera, de restaurar su memoria. Aunque no lo explique muy bien. Aunque no quede muy claro que Puig Antich no era un aventurero, ni ponía bombas, ni mataba a gente. Ni siquiera está muy claro que matase a ese policía, aún ahora. Ni aunque lo hubiese hecho. Nadie merece morir de una forma tán brutal por defender sus ideales, su vida, su libertad.
Ahora se vuelve a hablar de Salvador. Yo hace mucho ya que sabía de él. Y de Margalida.
Por eso, aunque me gustó, no soporto que esa película oculte ciertas cosas. O que minimice otras.
Esa no es manera de recordar a nadie.
Solo espero que, al menos, sirva para abrir algunos ojos, como los de ese guardia de prisiones que interpreta tan bien Leonardo Sbaraglia.
Espero que sirva para despertar conciencias. Espero que alguien se sienta conmovido por la historia, y quiera saber más. Espero que nadie olvide a Salvador Puig Antich, nunca más.
Porque, a día de hoy, aún no se ha revisado su caso...