Quiero ir a América.
No. Perdón. América no. No estoy hablando de Estados Unidos. Me importa un comino Nueva York. Me importan un comino sus rascacielos y su Sky Line truncado. Aún me importa menos Washington con su Capitolio y su sarta de presidentes y su "Dios bendiga a América". No quiero saber nada de Los Angeles, ni de California, nada de Beberly Hills, o Hollywood, o Disneyworld. Me importan un comino todos.
Me importa algo más Nueva Orleans.

Es uno de esos sitios que están apuntados en mi lista mental de "lugares a los que tengo que ir antes de que desaparezcan". Aunque mejor la Nueva Orleans de antes.
No solo antes del Katrina. Mucho antes. Antes de la llegada del mundo real. Cuando solo era Mardi Grass y Jazz, pantanos embrujados y magia negra, y el Gran Mississipi.

No estaría mal...
Pero dónde yo quiero ir en realidad es a la Isla de la Gran Tortuga.
Justo debajo de la América visible. Los lugares invisibles donde aún hoy permanecen los habitantes originales de la tierra, los hijos de la gran tortuga.

Así es como los nativos americanos conocen a su tierra: La Isla de la Gran Tortuga. De ahí es de dónde son originarios. Y ahí es dónde quiero ir.
A las grandes praderas donde aún pastan las interminables manadas de bisontes, donde aún cabalgan libres las gentes del Pueblo Original.
A los bosques de árboles milenários en los que vive el Hermano Lobo.
Al frío norte de eternas auroras boreales, hogar del Hermano Oso, allí donde Cuervo fue a recuperar el sol.
Y al cálido sur de desiertos dorados, donde residen el tramposo Coyote, y el Flautista, místico señor de la alegría, en casas de adobe sin puertas.
Más al sur aún, a las selvas húmedas de flores extrañas, donde vuelan enormes mariposas lunares como cuervos blancos entre las pirámides truncadas, donde la realidad se vuelve rara y el aire murmura repleto de cuentos, y canciones, y dioses.
Y ver donde danzan los Kachinas.
Y encontrar la sonrisa de los totems.Y la tierra original. La Madre Tierra.
Allí donde las hierbas altas murmuran canciones de cuna. Allí donde los lobos bailan entre los árboles.
La tierra libre de las Almas Barcas, como la mía. El país de los nómadas.
La verdadera tierra de la libertad.
La que soñé la otra noche...
Supongo que llevo muchos días ya leyendo historias americanas. Supongo que, después de tantos años, me cuesta quitarme de la cabeza los cuentos indios.
Supongo que me dormí pensando en la Isla de la Gran Tortuga.

Estaba en América. La de ahora. La del "God bless America" La fea y árida América. En mi sueño, la civilización había acabado con ella. Solo podía ver tierra quemada y grandes muros de cemento medio derruidos. Pero yo sabía que era América.
Y, al mirar hacia el horizonte, en misueño se formó la Isla de la Gran Tortuga.
Ahora que ya no quedaba nada de América, volvía el paraiso perdido, aquel por el que se bailó la Danza de los Espíritus.
Se formaba ante mis ojos. Siguiendo el ritmo de mis pensamientos. Pensé los bosques profundos de árboles milenários, y allí estaban los bosques. Pensé las grandes praderas, las manadas de búfalos, el aire de libertad, y allí estaban. Pensé montañas nevadas, y ríos como cristal helado, y tierras vírgenes, y aparecieron ante mis ojos. Pensé el pueblo primigenio, los poblados, de adobe en el sur, de troncos en el norte, los campamentos de caza con tiendas pintadas, los tótems sagrados en las puertas de los hogares indios, y la Isla de la Gran Tortuga fue habitada.

Pensé el mar.
Primero era gris, brumoso.
Luego decidí que, puestos a pensar, puestos a crear, ¿porqué no darles un mar azul turquesa, como los de las islas piratas?
Así que el mar fue azul. Y también el cielo.
Y nunca me había sentido más poderosa.
Capaz de crear mundos.
No. Capaz de devolverlos a la vida.
En mi sueño hice visible lo invisible.
Saqué a la superfície la América de abajo. La oculta.
La Isla de la Gran Tortuga.
Mirad, yo no suelo recordar los sueños. Solo fragmentos sueltos que la luz de la mañana transforma en cositas tristes y desvaídas, que acaban por deshacerse, un puñado de colores pálidos, un poquito de nada.
Por eso creo que este sueño fue importante. Porque no lo he olvidado. Porque los colores siguen vivos en mi mente, y porque me dejó una agradable y cálida sensación a la altura aproximada del alma.
Porque, en cierta manera, era verdad.
Si.
Lo creo.
La otra noche ví el Otro Lado de América.
Ahí es donde quiero ir...
PD: Las imagenes de este artículo fueron tomadas por Edward S. Curtis al final de la era india, intentando captar por última vez un mundo que desaparecía. Creo que lo consiguió...
PPD: Por cierto, por si hay por ahí algún admirador secreto y además millonario, este es el viaje de mis sueños. Muchas gracias por adelantado...