Quien no ha vivido alguna vez un verano interminable...
Vamos.
Quien no recuerda los largos días dorados, cuando el tiempo se volvía elástico, más largo y más ancho, cuando podías hacerlo todo, ir a todas partes, y siempre quedaba espacio para más.
Cuando el mar era plata líquida, y la arena blanca, repleta de tesoros por descubrir. Conchas, piedras, caracolas. Y aquellos cristales pulidos por el agua, pequeñas maravillas verdes que nos hacían pensar en las joyas mágicas de las sirenas.
Y las noches claras bordadas de estrellas. Y el aroma intenso de la resina caliente. Y el agua clara y fría como cristal, justo cuando el sol más calienta.
Hubo un tiempo, un tiempo para todos, en que el verano era la mejor época del año. A veces me gustaría saber que debo hacer para que el tiempo vuelva a ser cálido y elástico.
Cómo se recuperan los veranos eternos de la infancia, los días sin fin de juegos y risas, de cuentos al anochecer.
Ahora que el verano se acaba..
Ahora que toca volver a la rutina, a los días grises. Ahora que toca olvidar el sol.
Ahora que perdemos de nuevo la libertad.
Los veranos interminables eran veranos de libertad. La libertad de irse, o de quedarse. La libertad de levar anclas cuando te canses de tus amarras, de partir en busca de otros puertos.
Y el tiempo elástico.
No soporto volver a sentir que el tiempo vuela.
No aguanto no tener tiempo para vivir.
Me hace sentir vieja. Y yo no soy vieja. Me niego a serlo.
En verano no me siento vieja. En verano vuelvo a ser la niña dormida bajo los pinos, la que se inventaba cuentos a la luz de las estrellas.
La que hablaba con las hadas.
En verano, en aquellos veranos, todo era posible.
Quien no recuerda un verano eterno.
De playa.
O de bosque.
Un verano de pueblo.
Un verano con los pies descalzos y la cara sucia.
Un verano de aventuras.
Recuerdo el verano en que despertó la nómada...
No me gusta septiembre...




Leyendote casi me has hecho sentirme con poco mas de ocho años, cuando daba vacaciones y volver al colegio era algo muy lejano, mucho; en dias larguisimos . con sombras refrescantes, olores de jazmines , cantos de chicharras..... ay no sigo que a mi si me gusta septiembre.
Un beso
Las indefinidas siestas, las noches de verano que a Alberti le recordaban el pelo de la amada...
Miss, que sí! A mi septiembre me encanta, pero creo que tiene que ver mucho con cumplir años en este mes (de nuevo niña, porque la ilusión del cumple la mantengo intacta).
Vente conmigo y te enseño a amar al mes en que todo comienza de nuevo, llueve otra vez y reencuentras a los que se fueron en verano...
Me chifla el verano, pero en otoño vuelvo a casa. Tengo un post pendiente sobre el tema, pero es que todo lo bueno y lo malo que me ha pasado en la vida fue en otoño, así que... ¡viva la aventura que se avecina!
Besotes y ánimo, que yo también recuerdo esos veranos...