Que mal suena el título hoy.
Un poco a escuela de monjas.
Pero es de eso de lo que voy a hablar, lo siento...
De moralidad. De valores.
No hace mucho, mi padre llegó muy enfadado a casa. Mi padre es un trozo de pan (ya os lo presentaré algún día), pero cuando se enfada, ya se pueden meter debajo de la cama todos los santos del cielo. No deja a ni uno con cabeza. Supongo que es lo que tiene ser el hijo de un anarquista (otro día os hablaré también de mi abuelo)
Como iba diciendo, venía muy enfadado. Resulta que había estado hablando con un compañero de trabajo, del opus, para más señas, sobre educación. Aunque tiene esos arrebatos, ya os he dicho que mi padre es, básicamente, una buena persona. Le gusta discutir, escuchar y comentar diferentes puntos de vista. Aunque no es creyente, él fue quien me enseñó a respetar las creéncias de todo el mundo. pero también fue de él de quién aprendí a no callarme lo que pienso. A pedir para mí y para mis ideas el mismo respeto que se supone que yo debo a los demás.
Lo siento. Así somos en mi familia. Protestones.
Me estoy yendo por las ramas. Suele pasar.
El enfado de mi padre venía por una frase. Una sola.
Mi padre defiende la escuela pública (él aún la llama "nacional"). Su compañero piensa que es mejor la privada. Hasta ahí perfecto. Cada uno tiene derecho a llevar a sus hijos allí donde piense que van a recibir una mejor educación. El problema es la razón que este señor le dió a mi padre. La frase.
"Es que yo quiero que a mis hijos se les den unos valores"
El meollo de la cuestión. Los valores. La moralidad, que dice el título. No es la primera vez que oigo algo parecido. Paseando ayer por esta nuestra coctelera encontré algo parecido. Una pregunta, a mi parecer casi ofensiva. Algo así como "¿Es posible una moral laica?" La respuesta, en el artículo consiguiente, venía a ser que no. Que solo la religión tiene una moral. Que solo desde la religión se pueden inculcar unos valores. Que los valores de los laicos, de los no creyentes, no son válidos.
Que sorpresa.
Yo no soy creyente.
Conozco a mucha gente que no lo es.
Gente buena.
Una chica que ha adoptado a una niña china, porque no pudo evitar llorar viendo un reportaje sobre los orfanatos de ese país. Lloró, también, cuando no pudo traerse más que a una. Quería salvarlas a todas...
Una pareja que cada año se va durante unos meses al Sahara, a colaborar en lo que pueden, en campos de trabajo, escuelas, o lo que sea.
Conozco a maestras y maestros como yo que luchan, cada día de su vida, por construir un mundo más habitable, empezando por la base, por lo principal. Por la materia prima del futuro que son los niños. Inculcando esos valores que no tenemos los laicos. Llorando de rábia por cada fracaso. Cansados de una lucha que parece inutil, aunque no lo sea. Y, aún así, sin dejar de luchar.
Gente sin valores, según esa teoría. Gente sin moral. Gente que solo piensa en si misma. En matar a los que ya no sirven (no son palabras mías, si no de un bondadoso creyente para el que no tenemos decencia) En disfrutar del sexo (pervertidos) para luego dehacerse del resultado. En destruir la familia, la patria y a los buenos cristianos.
Me pregunto que imagen habrán inculcado en su mente de nosotros, los que pensamos de una manera diferente a ellos ¿Una especie de orgía con alcohol, drogas y rock and roll? ¿Sexo sucio con niños y animales?¿Hombres, mujeres, animales y plantas, como decían en "El Jueves"?
Siempre he intentado respetar las creencias de los demás. La libertad de elección me parece básica. Y la libertad de pensamiento.
Pero lo siento mucho, cuando esa libertad consiste en despreciar e insultar a los demás, en creerse un ser superior (vease nazismo, racismo, nacionalismos excluyentes, religiones superiores...), entonces me convierto en una intolerante.
En la peor de todas. Lo lamento muchísimo.
Solo quiero un poquito de respeto.
No es tan dificil.
Llevo toda la vida respetando. Pero una cosa es respetar y otra muy diferente, dejarse avasallar.
Todo esto para decir que si. Que tenemos valores. Y moralidad. Que no necesitamos a un dios para saber lo que está bien y lo que está mal. Que nuestros hijos no son unos salvajes.
Y que, el primer valor de todos, es el respeto.
Y punto.