Cuando era pequeña no sabía pronunciar la erre.
Cosas de niños, supongo. De niña comodona, que eso es lo que era ¿Para que decir "perrrrro", si era más fácil "pego"?
Nunca me preocupó mucho, mi ausencia de erres. Pero mi abuela, como abuela que era, se sintió con la obligación de enseñarme. Así que un día (tendría yo tres o cuatro años) me dijo "Voy a enseñarte a decir la erre". Y, como no mtenía nada mejor que ahcer, me fui con ella. Y entonces lo dijo.
"Pon la lengua en el cielo de la boca"
Y ahí me quedé. En el cielo de la boca. Preguntandome donde andaba eso. Y si sería azul, como el que se veía desde la azotea. O gris como el de los primeros días de colegio. Si llovería, en el cielo de la boca...
Ese día, mi abuela no consiguió enseñarme a pronunciar la erre. Aprendí yo solita, no mucho después. Aunque, sin proponerselo, mi abuela me descubrió el lugar más poético del cuerpo humano.
El cielo de la boca...

El cielo en la boca. La boca en el cielo. Un cielo de boca. La boca del cielo.
¿Cómo se puede meter el cielo en la boca?
En el cielo de mi boca.
La boca que habla, origen de las palabras, origen de los amores y los odios, de los errores, de las alegrías, de las risas y de las lágrimas.
La boca, origen de los cuentos.
La boca que saborea, que siente. Boca sensual, sensible, sensitiva. Centro del placer. El placer de comer, el placer de besar, el placer de amar.
Boca que es, esta vez si, el centro de todo...
Un cielo en tu boca.
Cielo inabarcable, cielo inmenso de tierras leajnas. El cielo deslumbrante sobre el desierto, el cielo borroso de mi Irlanda. El cielo de las historias. El cielo de los viajes.
Un cielo que es libertad, que es aire, encerrado en la oscuridad cálida de mi boca.
Saber que hay un cielo dentro me hace sentir un poco más libre.
Saber que hay una boca para mi cielo me hace sentir más cálida y protegida.
Y sensual.
Y nómada.
Y cuentista.
Tener el cielo en la boca, como quien guarda dentro el sol del verano, como quien atesora la lluvia de otoño.
El cielo de la boca huele a bosque tras la lluvia. A sol sobre la piel caliente. El cielo de la boca huele a libertad. A aventura. A cuentos.
El cielo de la boca. El cielo de mi boca. Mi boca, en el cielo.
Y ese sabor a vida...