El principio del verano tiene ritmo de habanera.
Todos los años, el primer sabado de júlio, en Calella se canta siguiendo la música de las olas.
Todos los años, al acabar la fiesta mayor de mi ciudad, el aire cálido de principios de júlio se perfuma de ron y canela, de ritmos marineros tierra adentro.
Las habaneras huelen a sal. A peces plateados en redes de luna lunera. A ron, a olas, a mar.
Las habaneras bailan al ritmo del mar. Un suave balanceo de alma barca, el ir y venir de las olas que bañan costas lejanas.
La música de los marineros lejos de casa. La de los pescadores con su tesoro de plata viva.
La música de las almas barcas, que quieren levar anclas todos los veranos, cuando empieza el calor.
Todos los conciertos de habaneras acaban igual. En Calella, o tierra adentro, un mar de pañuelos blancos balanceandose al ritmo de las olas de "La bella Lola". Y luego las voces unidas en un murmullo marino, en un canto de gaviotas.
"Quan el Català
sortía a la mar
els nois de Calella
feien un cremat.
Mans a la guitarra
solien cantar
visca Catalunya,
visca el Català..."
Y el alma barca lucha por librarse de sus amarres, por desplegar las velas, por irse, lejos, bien lejos, mar adentro...