Un círculo de brujas en un claro del bosque de Garajonay, en la isla de la Gomera. Dicen por allí que las brujas se sentaban en las piedras y que la del centro estaba reservada para el diablo. Lo que no dicen es para quién era la piedra que hay fuera del círculo.
Hoy me he levantado pensando en brujas. Las brujas malas de los cuentos de hadas, la vieja fea de Hansel y Gretel, o Baba Yaga, la bruja más bruja de todas las brujas, que de tán mala y retorcida que es, al final te acaba cayendo bien y todo... Brujas vestidas de negro, con un gorro puntiagudo y una escoba, brujas con berrugas en la nariz y dientes largos. Brujas con gatos negros.
Y eso que, desde que era pequeña, me ha gustado pensar en brujas guapas y buenas. Jugaba a ser bruja. Yo era una bruja. Porque si las brujas tienen gatos, tan malas no deben ser.
Luego me enteré de que los gatos se consideraban en la Edad Media desde reencarnaciones del diablo hasta espíritus familiares (lo que ahora llamaríamos duendes hogareños), o incluso un puente entre los diferentes mundos, capaces de ver lo que está oculto, cosa con la que estoy completamente de acuerdo (¿os habéis fijado cómo se quedan mirando de repente a un sitio dónde tú no puedes ver absolutamente nada?)
Por eso eran los compañeros de las brujas. De las de mentira y de las de verdad.
Porque no dudo que existan las brujas.
Y es que vivo en una tierra de brujas. Hay círculos de brujas, y piedras de brujas, y caminos de brujas, y cuevas de brujas. Esta comarca catalana e industrial está plagada de leyendas. Y de historias reales.
Mi ciudad fea (pero no tánto) está atravesada por un arañazo verde, el lugar donde empezó todo. Hay un castillo convertido en museo, y un famoso conjunto de iglesias románicas, y un puente de piedra con el parapeto marcado por cruces milagreras que la gente de aquí ha ido dejando a fuerza de siglos de superstición. Y justo debajo del puente está el Torrent de les Bruixes, que no sé porque se llama así, pero no me cuesta nada imaginarlo.
Y es que en mi ciudad, y en mi comarca, fueron torturadas y quemadas muchas mujeres acusadas de practicar la brujería. La mayoría inocentes. Viejas medio locas. Mujeres que se negaron a irse a la cama con el vecino. Acusadas de horribles crímenes por envidias o venganzas absurdas.
Y luego estaban las otras. Las de verdad. Seguidoras de la vieja religión, hijas de la diosa, curanderas, mujeres sábias. Ser una mujer sábia podía ser muy peligroso, entonces. Aún lo es, a veces... Y en esos tiempos, por lo visto, había mucha tradición esotérica y mística por esta zona: curanderas, alquimistas, magos y brujas.
Tengo un librito que habla de eso: "Caça de Bruixes al Vallès", en el que se transcriben numerosas actas de procesos por brujería y se habla un poco de la tradición "brujeril" de la zona. Ha sido publicado por una editorial local, la Ed. Ègara, pero vale la pena. Aunque pone los pelos de punta.
Y ahora me viene a la cabeza un sueño. Hace muchos años, cuando era una cría. Fue un sueño muy extraño, para empezar porque no suelo recordar mis sueños. Además, en mi sueño yo era mayor. Una mujer joven. Dicen que no podemos soñar que tenemos una edad diferente a la que tenemos. Pero yo lo soñé, aquella noche. Estaba en una isla alta, cerca de la costa. Tal vez enmedio de un río. Arriba había una construcción de piedra. Yo llevaba un vestido largo, de color pardusco, como los de las campesinas de la Edad Media. Había un hombre tonsurado, con aspecto tenebroso. Un fraile, supongo. Y más gente, pero no los recuerdo. Solo recuerdo que hacía frío, y estaba muy nublado. Y que me acusaban de ser una bruja. Y que era verdad. Pero yo no había hecho nada malo. Aquella gente tenebrosa me condenaba a morir ahogada, pero yo no tenía miedo. Ni aún cuando me arrojaron por un acantilado hacia las aguas heladas y grises que me esperaban abajo, porque sabía que la muerte no era el final. Sabía que volvería. Alguien gritó mi nombre mientras caía. Sólo que no era mi nombre de ahora, si no el de entonces, que no puedo recordar. No, no tenía miedo. Porque sabía que alguien me quería, y me esperaría siempre.
Que sueño más extraño para una niña...
Luego me enteré de que no todas las brujas eran quemadas. Al principio de la persecución, en algunos paises, se las ahogaba. Porque creían que sus almas no podrían renacer del agua. Pero se equivocaban. Eso decía mi sueño.
No me lo he inventado. Muchas veces recuerdo esa noche, ese sueño extraño, la sensación que me dejó. Aunque no estoy muy segura de lo que significa.
Creo que hasta ahora no se lo había explicado a nádie...
Mi pequeño secreto. Mi pequeño misterio.
Una de mis cosas raras.