Hoy quería hablar de Pilar, que perdió a su hijo hace dos años. Pero cuando buscaba información para este articulito, me he encontrado esto, y ahora solo tengo ganas de llorar.
Llevo todo el día con un nudo en la garganta. Un nudo que no deja respirar, un nudo de rábia y tristeza que solo se deshará en gritos y lágrimas. A Pilar la llaman cada día para decirle: "Roja de mierda, tu hijo está muerto y bien muerto". ¿Quién?. Cobardes sin nombre, cobardes que ni se atreven a dar la cara. Los cobardes que, en una manifestación le gritaron a Gorka "manco de mierda, tendrías que estar muerto del todo".
Los que piden a voces justicia, pero solo la que ellos les interesa, solo para quien a ellos les interesa.
No hay justicia. No para los muertos. Y, ahora, solo se habla de ellos para ponerse medallas, o para atacar al opositor político. No, no hay justicia.
No para los muertos...
Me está saliendo un artículo demasiado rabioso, ahora que me fijo. Pero el nudo empieza a deshacerse.
Un tiempo después del atentado, estuve en Madrid. Cuando los suicidas de Leganés. Mi madre me llamó, asustada, en cuanto vió la noticia por televisión. Y entonces pensé que suerte tenía de estar viva. Pensé que me alegraba de que mi madre no estuviese en una asociación de víctimas.
Al día siguiente fuí a Atocha.
Y pensé, tontamente: "Yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid" Y lo hice.
Ahora estoy en Barcelona, en mi Barcelona. Pero lo hice.
Y hoy sigo en aquel Madrid asustado y triste. Creo que nunca lo dejaré.
Y creo que, como vuelva a oir a Rajoy y compañía con su falso "queremos saber", gritaré hasta deshacer todos los nudos de rábia del mundo. Lo siento. Me ha salido el venazo político. Pero acabo de leer las "sutiles insinuaciones" que ha hecho Aznar en Francia, y aún quiero gritar más. Solo le ha faltado decir que Zapatero puso las bombas en persona: "Mirusté, señor francés, ¿a quien beneficiaron más los atentados? ¿eh? ¿eh?"
Perdón. Otra vez la rábia.
La rábia no es buena. Se te pudre dentro, te carcome el alma, te vuelve gris, y mala.
Así que, ahora, voy a gritar. A gritar de rábia, y de frustración. A gritar por encima de las montañas que rodean mi casa. A gritar y a llorar todas esas lágrimas que otros no podrán llorar. Lloraré por ellos toda la noche. Lloraré en su nombre, hasta que el nudo se deshaga y la rábia desaparezca.
Quiero estar limpia, cuando salga el sol...