Shhhhh.
No hagáis ruido.
Potter duerme...
Mira cómo corre detrás de ratones y pájaros soñados.
Mira su respiración pausada, la manera como encoge suavemente las patitas blancas...
Me gusta mirar como duerme.
Y aprovechar estos momentos para hablar de él.
De como llegó a casa, en septiembre, con el otoño. Iba metodo en su caja azul y no paraba de maullar. Cuando le abrimos la puerta salió disparado escaleras arriba, y luego estuvo andando pegado al suelo un par de dias.
Ahora es el rey de la casa.
Mi gatito...
Gris como una sombra, se oculta entre las hierbas altas para cazar saltamontes. El primer día que le dejamos salir no se alejó de la puerta. Todos los ruidos le asustaban, miraba cualquier cosa con los ojos grandes redondos de sorpresa.
Los ojos de mi gato...
Quisisera ver las cosas con los ojos de mi gato. Descubrir de nuevo las maravillas del mundo, como un niño que va descubriendo, poco a poco, que es la vida.
Todo es mejor, visto con los ojos de Potter. Los colores, más luminosos, los árboles más altos, los insectos más divertidos. Mirar por la ventana es asomarse a otro mundo, fascinante, excitante, lleno de aventuras, de cosas que cazar.
Mira, Potter, mira el petirrojo en el almendro. Mira los gorriones picoteando la tierra removida, la mantis que golpea la ventana.
Mira los mirlos robando las cerezas, los saltamontes escondidos en la hierba, las urracas de plumas irisadas, el ratón debajo del avellano.
Mira el gato del vecino, el perro que pasa por el camino, la mariposa que revolotea alrededor de la bombilla.
Mira, Potter, mira.
Me gustaría mirar a través de tus ojos, Potter.
Tus ojos grandes como lunas amarillas...