"En Venecia hay tres lugares mágicos y secretos: uno en la calle del Amor de los Amigos, otro cerca del Puente de las Maravillas, y otro en la calle dei Marrani, cerca de San Geremia, en el viejo Ghetto. Cuando los venecianos -algunas veces los malteses- se cansan de las autoridades, van a esos lugares secretos y, tras abrir las puertas al fondo de esos patios, se van para siempre hacia paises maravillosos y hacia otras historias"
Hugo Pratt, "Sirat al Buduqiyyah, Fábula de Venecia"
Es la puerta de entrada a la aventura.
O una de ellas.
Un marino maltés de sonrisa irónica y ojos soñadores.
Ha ido donde yo quiero ir. Ha hecho lo que yo quiero hacer. Ha visto lo que yo quiero ver.
Pero no me da envidia.
Porque él es mi puerta de entrada a la aventura. De su mano, recorro mundos. Su voz oscura me murmura cuentos al oido, me acuna igual que el mar acuna los barcos.
Barcos de vela, claro.
Si no, ¿dónde está la aventura?
¿Y los marinos malteses?
Me gustaría saber que ha sido de él. Alomejor aún no ha decidido la hora de su muerte.
La verdad, yo juraría que lo ví el verano pasado, caminando despacio entre los turistas, en Venecia, y un gato gris se enredaba en sus pies de papel y tinta.