Y no me gusta la lluvia.
A los gatos como es debido no nos gusta el agua.
He salido un rato de sol, pero había charcos y barro que me molestaban en las patas.
Me he escondido debajo del coche, pero aún ha sido peor. Y mi tita María iba diciendo que olía muy bien... pero las gotitas de agua se me ponían en los bigotes y se me metían por la nariz, y me hacían estornudar.
Nada, que no. Que no salgo hasta que no vuelva el sol.
Y, por cierto, ¿de donde cae todo ese agua? Que misterio más misterioso.