Hola. Soy yo otra vez. Potter, el gato.
Os prometí explicaros más cosas cuando descansara, y aquí estoy (bueno, ya se que he tardado, pero ya sabeis como nos gusta dormir a los gatos)
¿Os gusta la foto? Soy yo entre los cipreses de la parte de atrás, el día que me escapé. Me escondí muy bien, no sé como me pudo encontrar mi tita María. ¡Si no movía ni un pelo!
Y es que me encanta la parte de atrás. Hay allí un retazo de tierra donde crecen unas hierbas muy altas. Son tan altas que cuando me meto entre ellas nadie me puede ver. Me encanta...mrrrrrrrrrrrrr. Si hasta se me escapan ronroneos cuando me acuerrrrrrrdo.
Están un poco duras, no son como las de delante de la casa, que están blanditas y hacen cosquillas en la barriga. Pero así es aún mejor, porque cuando pasas por enmedio te susurran cosas al oido:
-Psssss, pssss, psssssssssss. Ven aquí, gatito. Ven a jugar con nossssssssotrasssss. Pssssssss, psssss, pssssss.
Un poco más abajo, el suelo está cubierto por una capa de hojas verdes de hiedra, justo al pie de una encina pequeña. Las hojas de hiedra no hablan, pero están fresquitas, y un poco húmedas, y dá gusto meter las patitas por allí.
Y luego están los cipreses, toda una hilera de un verde muy oscuro donde solo me puedo meter yo, como en la foto, porque nadie más cabe. Mi tita María me regaña, pero yo cada vez le hago menos caso, je je je.
No sé que es lo que tiene ese trocito de tierra, pero es diferente a todos los demás. No sé, alomejor es el olor. Huele diferente, pero no se porqué. El caso es que cuando llego allí se me ponen todos los pelos de punta, y me dan ganas de saltar, y correr, y maullar, y subirme a los árboles, y esconderme en los matorrales, y cazar bichos y pájaros. Hasta me salen ruiditos raros sin querer y todo.
Por eso cuando me escapé es allí donde fuí. Sin ni siquiera pensarlo.
Yo creo que es por culpa de la voz esa de la parte de atrás de mi cabeza. Desde que salgo a la calle cada vez me habla más, y aún más cuando estoy allí, en la parte de atrás del jardín. Supongo que es porque esa es la parte de atrás de la cabeza de la casa, y ahí es donde viven las voces raras que te hacen hacer cosas inesperadas.
A veces me da susto estar en la parte de atrás del jardín. No se porqué, la verdad. Debe ser por ese olor tan raro, tan diferente, olor a setas, y a tierra del bosque, y un poco a libertad. Y a veces da un poco de miedo, todo eso. Pero luego se me quita el miedo y solo tengo ganas de volver corriendo a esconderme entre los cipreses!!!!!
Mrrrrrrrrrrrr. Como se descuiden, me escapo otra vez.
Me encanta hablar con las hierbas altas.
Y con la voz de la parte de atrás de mi cabeza...
Otro día ya os explicaré las cosas que me dice.
(Así es como me quedé de triste cuando me obligaron a entrar)