La Coctelera

Categoría: Cosas de familia

25 Octubre 2009

Hola.

Sigo aquí.

No me he muerto.

No me he ido a ninguna parte.

No ha pasado nada especial, ni interesante. Solo pequeños cambios, cambios lentos sin demasiada importancia.

O quizás sí, quizás sean importantes, pero yo no les doy la suficiente importancia precisamente porque son pequeños y lentos.

Solemos dar poca importancia a las cosas que pasan despacio. Nos olvidamos tan a menudo de las cositas dulces que pasan por nuestra vida...

Cosas que solo recordamos cuando todo se vuelve amargo.

Oh, no. No hay nada amargo en mi vida. No demasiado. No más que otras veces. El trabajo se está haciendo duro, este curso. Cuesta encontrarle el lado bueno, aunque tengo por compañeras a un puñado de buenas personas. Pero se hace difícil.

Algunas veces más que otras.

Y cuesta escribir.

Eso es lo que más me fastidia. La falta de tiempo, o la falta de ganas, o el cansancio. O las excusas tontas.

Simplemente, cuesta. Aunque lo intento. Hoy quiero empezar un cuento.

Pero ya veremos.

Desde que no ando por aquí me ha dado por hacer algunas cosas raras.

(Siempre he sido un bicho raro)

Aunque a lo mejor no es tan raro que me de por las labores. También el ganchillo tiene su lado creativo. Un punto artístico.

Fue mi abuela quién me enseñó ganchillo, cuando era pequeña, y no lo había vuelto a recordar hasta que no se murió. Y de repente, mis manos decidieron por su cuenta que querían tejer. Crear algo de colores vivos, algo que me evitase pensar demasiado, algo que me recordase la parte buena de esta historia triste que ha sido mi familia ultimamente. Algo que me hiciese pensar en infancias lejanas, y en mi abuela, que ya no está, pero nunca dejará de estar.

Mi abuela cuando era así, y yo era una pequeña missdelirio en sus brazos:

Hice una bufanda de cuadros con los colores del otoño. Luego descubrí que esos cuadros de ganchillo en inglés se llaman "granny squares", los cuadros de la abuela, y me pareció una casualidad muy apropiada.

Y luego un gorro con flores para llevar un poco de primavera al invierno, que es muy frío, y muy largo...

Y muy gris. El invierno necesita color, pero en las tiendas solo encuentras negro, gris, pálidos y tristes colores que no saben alegrar los días cortos y helados, que no saben que la lluvia necesita un poco de luz para ser más hermosa.

Así que también me hice unos mitones de muchos colores, para combatir el frío y la tristeza. Cositas alegres con nombre anticuado, que me hacen pensar en un poema que me sabía de pequeña, sobre unos gatitos que perdieron sus mitones...

En medio de tanto color, también he tenido tiempo para un poco de blanco y negro. Pero blanco y negro alegre. El blanco y el negro de un amigo pequeño y suave.

Mi pingüino piloto. O eso dice una amiga. Mi hermano dice que tiene cara de Benito. Aunque para él, todos los pingüinos tienen cara de Benito, no preguntéis porqué...

O sea que esta pequeña tontería es Benito, el pingüino piloto.

Y ahora estoy liada con algo grande y cálido, una colcha de rayas de colores (me gustan mucho las rayas, me gustan mucho los colores) que solo lleva un palmo de vida, pero que cada vez que la cojo, y la acaricio despacio antes de empezar a tejer me hace pensar en Tita, la protagonista de "Como Agua Para Chocolate", que tenía un gran agujero negro en el alma por el que entraba todo el frío del mundo, y empezó a tejer una colcha de rayas, como la mía, para evitar el frío. Y tejió, y tejió, y tejió, hasta que la colcha la cubrió entera, y aún más y más, una colcha interminable para tapar un frío que no se acababa nunca.

A veces también yo siento mucho frío. Pero no creo que necesite una colcha interminable como la de Tita para taparlo. A veces, basta con un abrazo.

Y un poco de color...

12 Diciembre 2007

Mi malditahermanita, en el País, el viernes pasado.

Es que es una niña talentosa. Aunque esté un poco zumbada.
Claro que eso es cosa de familia...
La gente rara del dibujo grande es MI gente rara. Así es como vé ella a la Gente-Pájaro que no se lleva bien con Tristan, en el Fin del Mundo.
Mi Gente-Pájaro ymi malditahermanita en el País.
Me siento importante...

(A mi me gusta este. Bueno, y mi Tristan. Y la Gente-Pájaro. Y el Bosque de Boligrafo Azul. Y todos, para que nos vamos a engañar...)

2 Febrero 2007

Se que soy una pesada.
Pero si ella no tiene la intención de hacerse publicidad, se la hago yo.
Esta es mi hermana, la ilustradora.










Y que conste que son imagenes extraidas al azar.
Y que lo de maldita no lo digo yo, si no ella, que es una malditanita por los interneses esos.
Y si os gusta, aquí podéis ver más cosas de ella. Y en el enlace de la derecha también ("My sister, ilustradora")
Y si no os gusta, peor para vosotros. Ale.

28 Diciembre 2006

Reportaje gráfico, que hoy no tengo ganas de escribir.
Empieza con un poco de nieve (aunque sea artificial)

Luego viene la preparación de la cena.

Y de los postres, claro.

Y a poner la mesa.




Y Potter, que quiere ayudar. O comerse las gambas. Más o menos...

¡Batalla de Papa noeles en la repisa de la chimenea!

El tió también tiene algo que decir en el asunto.

Pero Potter no está de acuerdo, así que a callar.

Después de la pelea, se han puesto de acuerdo: ¡regalos para todos! Potter busca el suyo ¿cual será?

¡Este! ¡Es este! ¡Lo encontré!

Me encannnnnta mi regalo. Mrrrrrrrrrrrr.

Después de tantas emociones, un ratito contando historias junto al fuego, donde arde el tió de nadal (hasta el año que viene, al menos)

Y un buen descanso en el mejor sitio de la casa.

Así que felices fiestas de la luz, gente. El que no se conforma es por que no quiere...

23 Diciembre 2006

Vale, venga, lo reconozco. En el fondo (muy muy fondo), me gusta la navidad.
Lo que no me gusta es que se me obligue a ser feliz. A veces prefiero la tristeza. Aunque sea navidad.
No me gusta tampoco el consumismo compulsivo, pero siempre acabo cayendo. Porque me gusta jugar a ser Mama Noela, y comprar regalitos inútiles y divertidos a la gente que quiero, y ver la cara que ponen cuando abren el paquete. Me gusta que estos días mi habitación parezca una extensión del taller de Papa Noel, con papeles de regalo, lazos y paquetes por todas partes. Me gusta que los regalos tengan un aspecto agradable. Me gusta verlos amontonados debajo del árbol, y a Potter tumbado en medio de ellos. Es que a Potter le encanta la navidad, con su parafernalia de cositas brillantes colgadas de hilos para que él pueda jugar...

Y me gustan los adornos de navidad. Sin ser creyente, de pequeña me encantaba el nacimiento, porque era un mundo en miniatura, con ríos de papel de plata, y montañas de periodico y musgo, y una estrella muy grande en medio. Me gustaba esconder al caganer, aunque luego mi hermano lo ponía encima del tejado del portal, para que se le viera bien. Y adoraba nevarlo todo: los pastores y el río, las palmeras y el angel, con polvos de talco de los que usaba mi abuela.
La navidad siempre me ha olido a musgo y polvos de talco.
Me gusta la navidad por su carga de recuerdos. Aunque te hagan poner triste. Aunque recuerdes a los que ya no están, y lamentes que las cosas no sean como antes. También había tantas cosas buenas...
Las cenas de nochebuena en casa, con toda la familia, los regalos, el árbol y los dulces. Los mayores parecían diferentes, más alegres. Ahora ya no es así (circustancias familiares, no quiero aburriros). Pero seguimos intentando que, por lo menos esa noche, sea especial.

Parece que este año lo vamos a conseguir. Los pequeños o grandes problemas se han ido solucionando (o relativizando) poco a poco. Aunque mi abuelo insista en no venir a casa a celebrar la navidad con nosotros (es la persona más cabezota que conozco). Aunque sigo afónica y no podré cantar villancicos (yo que me había preparado una sesión multicultural que incluía "Santa Claus is coming to town", "La marimorena" y "El dimoni escuat", junto a aquella de los tres barcos bogando al pasar que cantaban en Eduardo Manostijeras). Tampoco se me ha curado la "pansa" del lábio, que tiene un aspecto bastante desagradable y sangra cuando como (bonita postal navideña).
Y sigo siendo una pedazo de atea.
Pero al final, caigo en las tradiciones y costumbres de toda la vida. Con arbolito y colgajillos y todo. Sin espumillón, por eso. Ni bolas de colores. ¿Sabéis esos árbolitos tan monos que salen en las revistas? ¿Esos monocolores y monotemáticos? Pues no se parecen en nada al mío.
Mi arbolito está adornado de recuerdos. Algunos bastante horterones, otros menos. Todos con su historia, con su cuento. Tal vez mi árbol no sea muy bonito. Pero es un árbol de historias, y un árbol del solsticio, como los del principio (me gusta celebrar el solsticio de invierno en navidad).
No, ahora que me fijo, no es muy bonito. Está un poco torcido. Las puntas están mordisqueadas, como los lazos de las nueces. Algunos adornos están despintados, de puro viejos. Otros están rotos: los cristales de nieve cubiertos de purpurina, y mi ciervo blanco, al que le falta una pata desde antes de lo que puedo recordar.
Me sigue gustando.
Aunque me ponga triste.
Aunque no sea creyente.
Porque es una época para los recuerdos, y mi arbol está formado por ellos.
Y, además, a Potter también le gusta. Tán malo no puede ser...

Así que felices recuerdos a todos. Si queréis.
No pienso obligar a nadie a ser feliz.

24 Noviembre 2006


Me gustan las cabañas.
Siempre me han gustado.
Ya lo sabéis...
Desde pequeña.
La primera, la cabaña en el árbol de los Robinsones de los Mares del Sur. Con su ventana para ver las estrellas.
Luego, la casa del señor Buho. La del Bosque de los Cien Acres. El amigo sabio de Winnie the Pooh.
Y la Casita de Wendy, con su chimenea-sombrero, y la cabaña subterranea de los Niños Perdidos.
Las madrigueras de Perico y los ratones de Beatrix Potter.
Los agujeros hobbits ("En un agujero en el suelo vivía un hobbit...")
Ahí se formaron las cabañas de mi infancia.
Su arquitectura imposible me convirtió en inventora de cabañas.
Cabañas en los árboles, a ras de suelo, bajo tierra. Cabañas de sillas y cojines. Cabañas debajo de la mesa del comedor, de paredes translúcidas, con genios como el de Aladino viviendo en las patas retorcidas.
Inventé cabañas esféricas que flotaban en el aire como burbujas de jabón, y cabañas-barco para navegar los siete mares. Cabañas con alas, con ruedas, con patas, que no sabían estarse quietas.
Pero nunca fui una gran arquitecta. Un puñado de tablas, unas cuerdas, una rama gruesa.
No aguantó mucho.
Luego mi padre me ayudó a montar una vieja tienda de campaña debajo de la encina. En la puerta, plantamos un jardín de flores imaginarias.
Al acabar el verano, la cabaña de tela y el jardín imaginario también se fueron, con las primeras lluvias.
Así que mi padre me construyó otra cabaña. Un techo para resguardarse, un suelo para sentarse a leer, o a soñar. Sin paredes. Para ver las montañas. La puso sobre una rama, como el nido de un pájaro extraño. Mi hermana y yo pintamos niños y trenes en las maderas. Esa fue nuestra cabaña individual. Solo cabía una persona por vez.
Recuerdo trepar por la escalera de mano de mi padre, con un libro, o una libreta, o con nada más que yo misma. Recuerdo las horas lentas, el aire perfumado, los cuentos.
Siempre me han gustado las cabañas.
Las cabañas soñadas. La cabaña de tela. Y la cabaña individual, sin paredes, en la encina.
Las cabañas son pequeños mundos. Separadas por una capa delgada e invisible de lo que creemos real. Mundos de juegos infantiles, de cuentos, de magia.
Mis mundos, mis cabañas mezclan de manera extraña las casas de los Ewoks en la luna de Endor con los etereos hogares de los elfos de Lorien, las casitas informes de los goblins del Laberinto y los cómodos hogares hobbits. La casa de la Liebre de Marzo, la de Dorothy rumbo a Oz a lomos de un tifón, la Casita de Chocolate y el castillo del Rey Arturo.
En mis cabañas hay sitio para todo. En mis cabañas caben sueños y noches estrelladas, caben historias y amigos. A veces, también enemigos. Porque mis cabañas no tienen puertas, ni ventanas, ni paredes. Para que pueda entrar el aire.
Y en un rinconcito resguardado, la silla roja...

18 Noviembre 2006

Hoy, en el diario local, han insertado una esquela conmemorativa de la muerte de Franco (se acerca el 20N, temblad, temblad...) supuestamente pagada por la Asociación Francisco Franco de mi ciudad.
Bien. Si eso es lo que ha conseguido la "Recuperación de la Memoria Historica" no quiero saber nada de ella. Llamadme intolerante si queréis. Porque lo soy. No tolero estos revisionismos de pacotilla, estas malas excusas para cuarenta años de represión, de terror, de muerte. Nada justifica esos cuarenta años en blanco y negro que vivío este pobre pais nuestro.
Ni hay que recordar al hombrecillo gris del bigotito como si fuese el salvador de España. Así se lo quisieron enseñar a mis padres con su "Formación del Espíritu Nacional": Caudillo de España por la gracia de Dios... Que chistoso, Dios. Pues de gracia tiene más bien poquita, el hombre. Y aún hay quien se lo cree, por lo visto: la culpa fue de los rojos, que se estaban portando mal. Y por eso había que matarlos. A todos. Y a sus hijos. Y a los hijos de sus hijos...
Por suerte, no lo consiguieron. Por suerte, no sabian que las prohibiciones producen precisamente el efecto contrario: si no puedo comer caramelos, iré a robarlos. Si no puedo pensar libremente, seré aún más libre, cuando tú te vayas.
Se fue, por suerte. Se murió en la cama, el "Pequeño Cesar", como le llamaba mi tío. ¿No estáis ya contentos con eso? ¿No tenéis bastante?
Me váis a llamar rencorosa, violenta, cruel, pero hubiera preferido que Franco muriese de otra manera.
Nunca he creido en el poder de las armas. Pero esa muerte, y esa triste transición que nos echaron encima, con un rey impuesto, sin República, sin derecho a decidir,... No se trataba de eso. Se trataba de volver a ser libres.
Y aún tenemos que aguantar cosas como estas.
Como esa esquela. O las que están apareciendo cada día en los medios de comunicación, en respuesta a las que, por fin, se han atrevido a publicar los descendientes de las víctimas. Esquelas que, ahora, hablan de las "hordas rojas". Esquelas de los que ya tuvieron su esquela, de los que se convirtieron en heroes del franquismo. En contra de las esquelas de los desaparecidos. De la gente que no tiene derecho ni a una tumba. Porque eran rojos. O porque lucharon por la libertad. Creo que hay una pequeña diferencia...
No es esa la Ley de la Memoria Historica que yo quiero.
A los otros, no los hemos olvidado nunca. No nos han dejado.
Dejadnos ahora recordar a los que lucharon, y murieron, por la libertad...

14 Noviembre 2006


Parte de mi. Parte de lo que soy.
Aunque nunca lo conocí...
Nació en Chalamera de Cinca en 1901. Murió en San Diego, California, en 1982, tras toda una vida de exilio. Mirad, aquí, su vida, si queréis.
Antes se le estudiaba, salía en los libros de literatura, la gente sabía su nombre. Que libros había escrito.
¿Lo conocéis? Era mi tío.
No, yo nunca lo conocí.
Pero el viejo escritor anarquista de los ojos desengañados siempre ha sido parte de mi vida.
El también es familia. Una rama lateral, truncada, de mi árbol genealógico (que es dónde mejor canta un pájaro, le oí decir una vez a Alejandro Jodorowski). Hasta las ramas rotas forman parte del árbol.
A él lo arrancaron. Por anarquista. Por libertário. ¿Sabíais que los nacionales torturaron a su mujer hasta la muerte durante la guerra? Si, esa guerra que tántos justifican ahora. Por eso mi tío, el escritor, tiene los ojos tristes. No puede ser por otra cosa.
Aunque sonría, tristes. Aunque escriba cosas tán divertidas como "La Tesis de Nancy", ahí está "Réquiem por un campesino español".
Y su "Crónica del Alba", repleta de tristezas y ausencias. Y de recuerdos de familia.
Reconozco que, en este caso, no puedo ser muy imparcial. Me encantan sus libros, su manera de escribir, su acidez, su poética. Y no sé si me gusta porque era un gran escritor, o porque araña algo dentro de mi, algo profundo y oscuro que tiene que ver más con la familia y el pasado que con la literatura.
Pero me gusta mi tío, el escritor anarquista. El rojo triste.
Si. También él es parte de mí...

(Otro buen enlace aquí)

Sobre En el cielo de mi boca

Solo soy yo. Soy Maria. Soy como soy. Soy como no soy. Soy lo que me gusta, y lo que no me gusta. Soy lo que quiero, y lo que odio. Soy libre. No quiero raices. No quiero fronteras. Soy lo que soy, os guste o no. Esa soy yo. Escribiendo desde el cielo de mi boca... Y desde mi casa en el árbol. MySpace Layouts

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LOREENA MCKENNIT lyrics
(Obra de Selina Fenech, en www.selinafenech.com) Banniere J-B. Monge My Flower